Bernard-Henri Lévy es un pensador a quien Aleksander Dugin, el filósofo del Kremlin, está encantado de odiar. Dugin es harto conocido por su crítica de que Occidente depende sobremanera de los ideales de la Ilustración (como la libertad individual). A ojos de Dugin, el liberalismo, el estilo de vida y el activismo de Lévy ilustran el vacío moral de Occidente.

Lévy y Dugin incluso debatieron sobre el valor de la Ilustración en Ámsterdam en 2019. Posteriormente, Dugin manifestó su desencanto con el debate que, a decir verdad, no fue exactamente el culmen del intercambio inteligente de ideas. Lo que podría haber sido un fructífero proceso intelectual entre dos filósofos, acabó degenerando en una «contradicción automática de cualquier cosa que dijera la otra persona».

La relación de amor y odio de Rusia con las ideas y la cultura francesas no es nada nuevo.

En el siglo XVII, la nobleza rusa adoptó el francés como idioma para conversar y la correspondencia, lo que fomentó el acceso a la literatura francesa.

Catalina la Grande leyó con deleite a los filósofos franceses de la Ilustración. Gracias a ella, se difundieron por Rusia las ideas de Montesquieu, Voltaire y Denis Diderot.

No obstante, el entusiasmo de Catalina se desvaneció cuando vio el trato que la ilustración francesa propinaba a la realeza francesa. Posiblemente, aquello fue de todo menos ilustrado.

Para entonces, sin embargo, la corriente francesa ya había cobrado impulso y perduró sin el apoyo de Catalina. Durante bastante tiempo, la nobleza rusa siguió prefiriendo el francés al ruso.

Por lo tanto, no es de extrañar que la desinformación pro-Kremlin actual también tenga sentimientos encontrados sobre las ideas de Bernard-Henri Lévy.

A ojos de Occidente, Lévy es uno de los múltiples filósofos franceses con cierto talento para darse publicidad, pero los medios de comunicación pro-Kremlin sostienen una opinión muy diferente.

Al parecer, Bernard-Henri Lévy avivó las revoluciones en Yugoslavia, Libia, Siria y Ucrania. La regla de oro pro-Kremlin es: dondequiera que haya resistencia civil, Bernard-Henri Lévy no debe de andar lejos.

Lévy es descrito como un «mercader», que «vende» las andanzas militares internacionales de la «élite mundial» al público occidental, como un intelectual íntimamente relacionado con la élite tecnocrática-financiera de Europa (cómo no, de nuevo George Soros), como el teórico de la guerra en Libia, el patrocinador intelectual de «la agresión militar de Occidente contra Siria», y un prosélito de los «rebeldes financiados por Occidente en Ucrania para desestabilizar un Estado soberano» durante las protestas del Euromaidán.

Si todo esto fuera cierto, Lévy debería ser uno de los filósofos más influyentes y ricos de todos los tiempos.

Recientemente, Lévy se ha convertido de nuevo en blanco de la desinformación pro-Kremlin. Esta vez, debido a su reunión con Svyatlana Tsikhanouskaya y su apoyo a las protestas populares en Bielorrusia.

Los medios de comunicación pro-Kremlin maquillaron un poco la realidad de este encuentro. Según estos medios, Lévy está detrás de las protestas en Bielorrusia y supervisa al equipo de Tsikhanouskaya. Otra noticia reciente esgrimía que él, George Soros y sus «títeres» en Bielorrusia serían «apaciguados por la fuerza». Un dato curioso: esta expresión paradójica tiene también un cierto regusto francés, ya que recuerda a las palabras de Rousseau: «a los ciudadanos se les debe obligar a ser libres».

La desinformación pro-Kremlin señala a Bernard-Henry Lévy debido a sus opiniones críticas sobre el régimen de Putin y su respaldo a las protestas contra gobiernos autoritarios en varias partes del mundo, incluida la antigua Unión Soviética (en efecto, estuvo en Kiev durante las protestas del Euromaidán). Los medios de comunicación pro-Kremlin distorsionaron este hecho aduciendo: es un «ideólogo del orden mundial liberal» que ha conspirado para derrocar a Gadafi en Libia, ha formado a la oposición islamista de Libia y a los manifestantes de Maidán, e instigó la guerra en Siria.

Al final, según la perspectiva pro-Kremlin, Lévy personifica el exceso de confianza de Occidente en los ideales de la Ilustración. Los medios de comunicación pro-Kremlin y Dugin quieren que Rusia dé la espalda a estos ideales.