Recientemente, algunos observadores han hecho referencia a la existencia de una convergencia de narrativas entre las redes de desinformación pro-Kremlin y las chinas. Hemos analizado más de cerca la teoría de la conspiración de los «biolaboratorios estadounidenses clandestinos».

«Estados Unidos ha dispersado más de doscientos laboratorios biológicos militares por todo el mundo. De ellos, se han localizado más de treinta. Los demás permanecen ocultos en lugares desconocidos. Podrías tenerlos cerca», advertía un alarmante mensaje a los usuarios de YouTube en un vídeo publicado el 21 de mayo. Los creadores del vídeo afirmaban que «los laboratorios biológicos de Estados Unidos nos dan escalofríos» e invitaban cordialmente a los «ciudadanos de la red de todo el mundo a buscar más de doscientos misteriosos laboratorios biológicos de EEUU».

Apenas unas semanas después, el 11 de junio, los ciudadanos de la red o «netizens», como se denominan los participantes activos de las comunidades virtuales, enviaron sus hallazgos. Otro vídeo de YouTube presentaba las «continuas revelaciones de los ciudadanos de la red» y catalogaba una «lista creciente» de laboratorios localizados en Estados Unidos, Europa, el Cáucaso y Asia. «El ejército de Estados Unidos ha establecido más de doscientos laboratorios de bioseguridad en veinticinco países dedicados a la investigación y el desarrollo de armas biológicas, tales como bacterias peligrosas», se afirmaba en el vídeo, en el cual se hacía un llamamiento a las organizaciones internacionales, en nombre de los ciudadanos de la red de todo el mundo, para que investigaran los laboratorios biológicos estadounidenses.

A simple vista, de no ser por varios detalles reveladores, los vídeos recordaban a una teoría de la conspiración ya conocida que siembra dudas sobre los orígenes del coronavirus. Los vídeos se publicaron en cinco idiomas en las cuentas de YouTube de la cadena China Global Television Network (CGTN). La CGTN es la división internacional de la CCTV —Televisión Central de China—, la cadena de televisión de control estatal de la República Popular de China. A principios de este año, Ofcom, el organismo de control de los medios de comunicación británicos, sancionó oficialmente a la CGTN por ofrecer una cobertura sesgada de las protestas en Hong Kong. Aún más sorprendente resulta que las «continuas revelaciones de los ciudadanos de la red» coincidieran casi textualmente con las «revelaciones» previas de los medios de comunicación pro-Kremlin y los funcionarios rusos.

Captura de un vídeo en el que se insta a los internautas a dar pistas sobre los laboratorios biológicos estadounidenses. Obtenido de https://espanol.cgtn.com»

 

El resurgimiento de los «laboratorios secretos»

La retórica de desinformación relativa a los laboratorios biológicos militares estadounidenses secretos en las fronteras de Rusia circula en los medios de comunicación pro-Kremlin desde hace años, señalando en particular el laboratorio Lugar, en Georgia. El estallido de la pandemia de COVID-19 dio un nuevo impulso a este movimiento; los medios de comunicación pro-Kremlin desarrollaron y ampliaron el bagaje de desinformación preexistente sobre los presuntos «laboratorios secretos». Diversas publicaciones de desinformación a favor del Kremlin afirmaron no solo que el nuevo coronavirus era un arma biológica americana contra China fabricada en laboratorios financiados por la OTAN y el Pentágono, sino también que distintos laboratorios estadounidenses clandestinos operaban en varios lugares del planeta, en las inmediaciones de Rusia, China e Irán.

En un destacado ejemplo de interacción en el ámbito de la desinformación, los funcionarios chinos y los medios de comunicación controlados por el Estado chino se hicieron eco de estas afirmaciones infundadas sobre los «laboratorios estadounidenses secretos», acuñadas por fuentes pro-Kremlin. A finales de abril, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China expresó «preocupaciones de la población local» sobre la función, el propósito y la seguridad de los laboratorios biológicos estadounidenses en países de la antigua Unión Soviética, haciendo referencia directa a las afirmaciones previas del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. Las peticiones a Estados Unidos para que «abordara las preocupaciones de la comunidad internacional» recibieron amplia cobertura en los medios de comunicación controlados por el Estado chino.

Posteriormente, la edición rusa de la RT publicó un artículo en el que se destacaba el malestar de China por los «biolaboratorios estadounidenses» situados en las fronteras de Rusia y se completó así el ciclo de desinformación. En menos de dos semanas, la conspiración de los laboratorios biológicos estadounidenses viajó del Kremlin a Pekín y viceversa, acumulando legitimidad y prominencia internacional en el camino. Además, en los medios estatales chinos, la teoría se convirtió en parte de una gama de acusaciones más amplia sobre una conducta supuestamente sospechosa por parte de Estados Unidos en torno al virus.

La coincidencia de las narrativas de desinformación

Los vídeos de YouTube sobre «biolaboratorios estadounidenses secretos» se publicaron en inglés, ruso, francés, español y árabe, los mismos idiomas en los que emite la CGTN. En su conjunto, solo acumularon algo más de cuarenta mil visualizaciones, pero ilustran la coincidencia en las narrativas de desinformación pro-Kremlin y del Partido Comunista de China (PCCh).

En concreto, la alarmante cifra de los supuestos doscientos laboratorios biológicos estadounidenses secretos está tomada directamente del manual de desinformación pro-Kremlin. En enero de 2020, Nikolay Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad ruso sancionado por la Unión Europea, afirmaba que Estados Unidos contaba con más de doscientos laboratorios biológicos en todo el mundo y advertía de que sus actividades «poco tenían que ver con la ciencia pacífica». Preocupaban especialmente los experimentos con humanos, según el oficial ruso.

Los vídeos agrupan una serie de mensajes de desinformación difundidos por los medios pro-Kremlin. En ellos se incluyen afirmaciones sobre laboratorios secretos que producen «bacterias letales» en Ucrania; el desarrollo de armas biológicas ofensivas, incluidos insectos hematófagos en el laboratorio Lugar; o el uso de personas en Kazajistán y otras naciones como «material» para la investigación biológica. Después de aparecer en fuentes pro-Kremlin, muchas de estas afirmaciones han sido ya desacreditadas por diplomáticos, medios de comunicación internacionales y verificadores de hechos independientes, si bien ello no parece disuadir de repetirlos ni a los autodenominados «netizens» o ciudadanos de la red, ni a los medios estatales chinos.

Beneficios de la desinformación

No es la primera vez que las autoridades chinas se benefician de las campañas de desinformación a favor del Kremlin. A finales de abril, el canal de televisión Rossiya 24, controlado por el Estado ruso, arremetió contra Estados Unidos, defendiendo a las autoridades chinas frente a las críticas por su gestión del brote de la COVID-19. Dmitry Kiselyov, presentador de televisión sancionado por la UE, comparó las críticas al Gobierno chino con las que responsabilizaban a Rusia del ataque químico en Salisbury y las que la acusaban de interferir en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en 2016, utilizando dos retóricas prominentes de desinformación a favor del Kremlin.

Tampoco es la primera vez que los funcionarios y los medios de comunicación estatales chinos se implican en teorías de la conspiración: en marzo, uno de los portavoces del Ministerio de Asuntos Exteriores chino publicó en Twitter teorías conspirativas en las que alegaba que el ejército estadounidense era el culpable de haber llevado la COVID-19 a China. Dicha afirmación apareció también en los medios pro-Kremlin.

En 2019, en medio de las protestas de Hong Kong, una publicación vinculada al Partido Comunista Chino calificó a los disturbios de «revolución con tintes estadounidenses», un viejo y apreciado recurso de la desinformación pro-Kremlin.

Dada la interacción esporádica hasta la fecha entre estos agentes en el ámbito de la desinformación, sigue sin quedar claro si tales actividades se coordinan y, en tal caso, cómo. No obstante, de acuerdo con el Instituto de Política Estratégica Australiano (ASPI, por sus siglas en inglés), «muchos puntos sugieren que el aparato de propaganda del PCC (Partido Comunista de China) ha estado estudiando las estrategias y los efectos de las campañas de desinformación rusas».

De hecho, a principios de junio, Twitter comunicó que había cerrado miles de cuentas vinculadas a China implicadas en una campaña de manipulación coordinada para difundir desinformación sobre las protestas en Hong Kong y sobre la respuesta de China al coronavirus, una conducta no muy distinta a la de la infame fábrica de troles de San Petersburgo. Es la segunda desactivación de una red de desinformación vinculada a China en menos de un año, tras la acontecida el pasado agosto.