Expertos alemanes han concluido que el disidente y activista anticorrupción ruso Alekséi Navalny fue envenenado con un agente químico neurotóxico de grado militar del grupo Novichok. El Gobierno alemán condenó el ataque con la mayor contundencia, al igual que los representantes de la Unión Europea y varios dirigentes de los Estados miembros: FranciaItaliaEstonia… han exigido todos que las autoridades rusas expliquen cómo se ha podido utilizar un arma ilegal de destrucción masiva contra un activista de la oposición en Rusia.

Navalny es un crítico declarado del sistema político ruso, que gira en torno al actual presidente, Vladimir Putin, y que limita los derechos y libertades que suelen ser propios de una sociedad democrática.

 

Negarlo todo

La conclusión de los expertos alemanes sitúa a las autoridades rusas en una posición totalmente nueva, en la que su primera reacción ha sido negarlo todo. El primer comentario del Kremlin fue una declaración de prensa emitida por su portavoz, Dmitriy Peskov:

Antes del traslado a Berlín, se llevaron a cabo una serie de análisis exhaustivos aquí en Rusia, todos según estándares internacionales, y no se hallaron sustancias tóxicas.

Tras la declaración de Peskov, Andrei Lugovoy, parlamentario ruso y exmiembro de la KGB buscado por la policía británica como sospechoso del asesinato de Aleksandr Litvinenko, afirma en una entrevista a la agencia de noticias TASS que Navalny tiene que haber sido envenenado en Alemania:

Si han encontrado algo relacionado con el «Novichok», lo más probable es que se lo hayan administrado en la clínica. Un enfermero o un médico podrían haberle inyectado fácilmente una sustancia tóxica a Navalny. Estoy seguro de que es exactamente lo que ha pasado.

Otra parlamentaria rusa, Yelena Panina, describe la declaración alemana como un ejemplo de los «Principios de la Propaganda de Goebbels»:

Ha empezado otra fase de la guerra de información y propaganda contra Rusia, conforme a los principios de la propaganda de Goebbels: cuanto más grave es la mentira, más credibilidad tiene. De antemano se excluye del discurso a cualquier persona con pensamiento crítico, capaz de plantear preguntas.

Alekséi Navalny fue trasladado de urgencia al hospital de Omsk el 22 de agosto. Desde entonces, los medios pro-Kremlin han estado ocupados tejiendo una red de falsedades en torno a Navalny. Se identifican fácilmente varias líneas de desinformación dominantes:

 

1. No es cierto que Navalny fuera envenenado

Esta ha sido la versión pro-Kremlin general, presentada por los principales medios de información rusos. El Komsomolskaya Pravda, el diario de mayor tirada en Rusia y uno de los más grandes de Europa, describe el caso como «fantasías» de los médicos alemanes:

La intención obviamente no es curar a nadie, sino crear otro circo político en forma de acusaciones, como en el caso de los Skripal. Da la impresión de que la CIA se ha quedado sin recursos y repite el mismo espectáculo en el mismo viejo escenario. De repente, era necesario que los Skripal hubieran sido envenenados (sin presentarnos ninguna prueba). Y ahora, Navalny… Nuestros médicos no encontraron nada. Los alemanes tampoco. Solo están fantaseando.

Es preciso recordar que, tanto en el caso de los Skripal como en el de Navalny, los forenses han sido contundentes, pero negarse a aceptar las pruebas se ha convertido en el método habitual del Kremlin para reivindicar su inocencia.

 

2. Navalny fue envenenado por orden de Occidente

Esta alternativa ha sido la prerrogativa de publicaciones y comentaristas nacionalistas de línea dura. Veamos cómo lo expone el nacionalista Armen Gasparyan:

Es todo muy sencillo. Navalny es más útil como un sacrificio sagrado, víctima de la desigual batalla por la libertad. Ya nadie se acuerda de Boris Nemtsov, pero la resistencia no puede descansar.

Un experto militar sugiere a la agencia de noticias RIAFAN que este «sacrificio sagrado» ocurrió cuando los servicios de inteligencia occidentales se decepcionaron con Navalny:

No fue capaz de consolidar un movimiento de protesta; solo aparecía en los mítines 15 minutos para que lo arrestaran. Y, para colmo, perdió su «oficina anticorrupción». ¿Quién necesita un disidente fracasado? Podían utilizarlo una vez más: deshaciéndose de él y convirtiéndolo en un sacrificio sagrado.

La expresión «sacrificio sagrado» se usa frecuentemente en la terminología política rusa moderna. En el ecosistema pro-Kremlin, un «sacrificio sagrado» es similar a una operación de bandera falsa: un ataque al bando propio para justificar la agresión contra el enemigo. Envenenar a Navalny proporciona a Occidente un pretexto para atacar a Rusia.

Vemos un enfoque similar en una columna publicada en la agencia de noticias estatal RIA Novosti. En ella se alega que el incidente de Navalny beneficia a las fuerzas occidentales:

Gracias al oportuno ataque de algunos malvados contra Alekséi Navalny (o gracias a la agresiva y oportuna enfermedad que sufrió), la administración estadounidense no solo halló un medio para castigar a los malhechores (o el ictus o la diabetes), sino también una oportunidad para bloquear la venta de una vacuna en los mercados de los países que se hallan bajo control estadounidense. Es la política de matar dos pájaros de un tiro. Si Navalny no hubiera existido, habrían tenido que inventarlo.

Con la declaración alemana del 2 de septiembre, cabe esperar que este tema se convierta en una importante línea de desinformación general pro-Kremlin.

 

3. De todos modos, Navalny es mala persona

Varias publicaciones pro-Kremlin en lengua inglesa tratan de difamar a Alekséi Navalny en el plano personal. La moscovita Oriental Review redacta:

Navalny no es el «líder opositor» que afirman en el extranjero, sino más bien un bloguero investigador y organizador de protestas. Sus perspectivas etnonacionalistas solo atraen al sector social de extrema derecha, aunque los occidentales por lo general no están al corriente de ellas, ya que sus medios de comunicación solamente se centran en su retórica liberal ocasional y su criticismo habitual contra las autoridades. 

Esto es, por supuesto, totalmente irrelevante para la cuestión sobre el envenenamiento de Navalny. En una sociedad democrática, las desavenencias se gestionan por medio de la argumentación, no del asesinato. Cuando la Unión Europea y otros organismos nacionales e internacionales exigen una investigación exhaustiva del caso Navalny, el resultado es que el pueblo ruso tiene derecho a elegir a quién apoya, con qué está de acuerdo y qué piensa.

 

4. Aún no conocemos todos los detalles

Tras la contundente declaración alemana, que descarta cualquier sombra de duda sobre el atentado contra Alekséi Navalny, la línea dominante de desinformación es «no hay que sacar conclusiones precipitadas». Lo vemos en la declaración del portavoz del Kremlin; lo vemos en la declaración del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, en la que se alega que Alemania no ha presentado ningún hecho:

Somos de nuevo testigos de una situación en la que, en lugar de hacer uso de una cooperación factual y exhaustiva entre el poder judicial y los expertos médicos, nuestros socios dan preferencia a las declaraciones públicas en voz alta, sin contenido factual, obviando el sistema de cooperación judicial en su conjunto.

Este modo de proceder nos es muy familiar. Cada vez que se presenta una prueba contundente, ¡hay que negar su existencia! El Kremlin ha actuado de la misma manera prácticamente cada vez que se ha revelado su implicación en algún delito: el derribo del MH17, el caso Skripal, el asesinato de Litvinenko, el caso Magnitsky…

Es probable que el Kremlin siga hilvanando falsedades, mentiras y desinformación en torno al envenenamiento de Alekséi Navalny, sean cuales sean las pruebas que se presenten. Para el Kremlin, los hechos son irrelevantes.