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La democracia es crítica por naturaleza. En una sociedad democrática, disentir, cuestionar y debatir son elementos centrales del discurso público. Toda declaración, idea o sugerencia es y debe ser cuestionada, probada, verificada y examinada por nosotros, los ciudadanos. La desinformación actúa como un veneno para el sistema democrático. Se inyectan mentiras en el diálogo democrático, que asustan, confunden y generan malestar.

En esta época del año, tradicionalmente resumimos el año pasado con una recopilación de errores torpes de las publicaciones de desinformación pro-Kremlin.

 

  1. Un envenenador muy educado

El Caso Navalny es, obviamente, una gran vergüenza para el Estado ruso. No el ataque, claro está, el Kremlin no pestañearía ante la decisión de tomar medidas radicales, sino el hecho de que los asesinos del Estado fallen, dejen huellas y demuestren una visible falta de profesionalidad. En diciembre, Alekséi Navalny, llamó a un funcionario del FSB involucrado en el ataque contra él, haciéndose pasar por un alto cargo. El funcionario del FSB ignoró todas las medidas de seguridad posibles y trató educadamente de atender al supuesto mando, confesándole el atentado y proporcionándole detalles del modo en que se planeó, ejecutó —y fracasó— el asesinato. De este modo, el funcionario del FSB no solo corroboró las evidencias sobre el ataque de los servicios estatales rusos contra Navalny, sino que su disposición a «cantar» ante un superior desconocido también puso en evidencia las tradiciones de servilismo ciego y condescendencia reinantes en las estructuras del Estado ruso.

 

  1. La vacuna vil

La COVID-19 ha copado las noticias mundiales durante todo el año, al igual que ha dominado el flujo de la desinformación. Desde enero de 2020, EUvsDisinfo ha detectado más de setecientos casos de desinformación sobre la pandemia, pero los casos referentes a la vacuna se presentan como particularmente incómodos. En las primeras etapas de la pandemia, los medios pro-Kremlin se centraron en los antivacunas y conspiradores para luego pasar a poner en práctica una campaña de marketing para la vacuna rusa Sputnik V. Se ridiculizó a la competencia tildándola de «vacuna del mono» hasta que la farmacéutica británico-sueca AstraZeneca propuso una cooperación para combinar ambas vacunas. No se ha vuelto a oír hablar de monos desde entonces.

 

  1. Un director de cine forjando mentiras

El director de cine ganador del Oscar, Nikita Mikhalkov, quería demostrar que las imágenes de las manifestaciones masivas contra Aleksandr Lukashenko en Bielorrusia eran simplemente imágenes generadas por ordenador. Así que su programa de televisión manipuló unas imágenes por su cuenta y las emitió como prueba de falsificación.

 

  1. Una extraña escucha telefónica

Al mundo no le quedó otra que reírse de Aleksandr Lukashenko, el ilegítimo presidente de Bielorrusia, cuando difundió una grabación burdamente manipulada de una supuesta conversación entre operativos de inteligencia alemanes y polacos, en la que elucubraban sobre un cambio de régimen en Bielorrusia y se quejaban de que Lukashenko era un «hueso duro de roer».

 

  1. Una imagen imaginativa

Vladimir Solovyov es uno de los principales perfiles de Rusia en la proliferación de la desinformación. En un programa de televisión mostró imágenes supuestamente obtenidas en los combates de Nagorno Karabaj, pero que en realidad eran de un videojuego: Arma3. El juego, lanzado siete años atrás, debió causar sensación en el Kremlin, ya que el Ministerio de Defensa ruso lo utilizó ya en 2018 como ejemplo de imágenes reales de Siria.

 

  1. Una semiótica sensacionalista

Una publicación armenia de desinformación pro-Kremlin cae en las garras de la adivinación y halla «pruebas» de la implicación de los «Illuminati» en la guerra de Nagorno Karabaj en un vídeo de Lady Gaga. El método de llevar a cabo un análisis ultradetallado de los «signos» lo utilizan habitualmente tanto las publicaciones de baja tirada de Armenia como el principal diario de Rusia, el Komsomolskaya Pravda, que busca anualmente «predicciones» en la portada de The Economist.

 

  1. Un vertedero en la Duma

Unos pocos miembros de alto perfil de la Duma, el parlamento ruso, han sido históricamente productores fiables de desinformación, fieles seguidores del «paradigma de la basura» que copan con esmero el panorama informativo. Hemos visto a los legisladores rusos presentar mentiras como «burdeles daneses para zoófilos» y «EE. UU. ataca a Rusia con armas climáticas».

 

  1. Cerrojazo a Zoom

La desinformación forma parte de una ambición general por hacerse con el control del espacio informativo. Cuando mentir no es suficiente, el paso siguiente es silenciar a los participantes de un discurso público o cerrar los medios de comunicación o incluso el espacio donde se comparte información. Este último método quedó demostrado en noviembre de 2020, cuando la policía de San Petersburgo hizo una redada en una cafetería y la cerró por infringir las normas sanitarias. El propietario del establecimiento, Café Zoom, está convencido de que las autoridades querían en realidad cerrar un festival LGBTI celebrado en línea en la plataforma de videoconferencias Zoom.

 

  1. Prevaricación infinita

EUvsDisinfo alcanzó una triste meta en noviembre de 2020, cuando añadimos el caso 10.000 a nuestra base de datos. Diez mil casos de desinformación: declaraciones falsas, destinadas a causar daño. Diez mil casos con intención de engañar, distorsionar y crear descontento. Unos setecientos casos de desinformación sobre el coronavirus, todos con la intención de asustar al público, sembrando incertidumbre sobre las acciones de los gobiernos nacionales, las organizaciones internacionales y los trabajadores sanitarios. La desinformación puede matar.

 

Una deficiencia de decencia

El titular de esta revisión anual sugiere que los errores podrían ser «embarazosos». Podríamos reírnos de las mentiras burdas y evidentes hasta que recordemos que Aleksandr Lukashenko es un dictador brutal, que reprime a manifestantes pacíficos con violencia excesiva. Podríamos reírnos de las ideas primitivas sobre «los que mueven los hilos» hasta que veamos el antisemitismo y la homofobia que se oculta tras ellos. Nos reímos con los memes sobre el FSB echando veneno en la ropa interior de Alekséi Navalny hasta que recordamos que fue un intento de asesinato a gran escala, ambicioso y planeado minuciosamente, que solo fracasó por la profesionalidad de los pilotos del vuelo en el que viajaba Navalny, que decidieron realizar un aterrizaje de emergencia, y el personal médico de Omsk, que identificó los síntomas del envenenamiento y le administró el tratamiento adecuado.

La parte más vergonzosa de los errores mencionados anteriormente es la falta de remordimiento. Los miembros del Parlamento ruso no se avergüenzan de repetir viejas mentiras si creen que pueden ganar algo a cambio. Los «periodistas» del Kremlin no ven la necesidad de corregir los errores; ni tampoco Mikhalkov ni Solovyov tuvieron la decencia de disculparse por engañar a sus espectadores. Un jefe de Estado ilegítimo falsifica pruebas ilegítimamente sin dudarlo y para ello utiliza medios de comunicación controlados por el Estado. Los representantes del Estado ruso sugieren con orgullo que Rusia sin duda mata gente, pero no falla.

La vergüenza sugiere la existencia de moral y de principios. Mentiras, falsificaciones e inmundicia son parte de un feroz ataque a la democracia.