La guerra continúa: desinformación rusa sobre Ucrania

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El 24 de febrero de 2022, Rusia inició una guerra de agresión no provocada y a gran escala contra Ucrania, su pacífico país vecino. En las semanas y meses siguientes, Ucrania mostró al mundo el verdadero significado de las palabras valor y perseverancia, frenando la invasión inicial y llegando, por momentos, a inclinar la balanza a su favor.

La mayor parte del mundo pudo ver a Rusia tal cual es. Menos de una semana después de la invasión, 141 de los 193 miembros de la ONU votaron a favor de una resolución que condenaba la decisión de Rusia de invadir Ucrania y solicitaba a Rusia la retirada de todas sus fuerzas militares del territorio de Ucrania.

La hostilidad de Rusia hacia Ucrania no empezó el pasado mes de febrero. Los medios que se autodenominan armas de la información rusas llevaban años preparando el terreno informativo para el ataque militar de Rusia. Al igual que la invasión rusa de Ucrania no salió como el Kremlin había previsto, sus leales expertos y amplificadores de desinformación han tenido que ir cambiando sus falsas narrativas sobre la guerra para seguir avivando las llamas de esta descontrolada agresión.

EUvsDisinfo ha seguido de cerca su desarrollo. Con este artículo, queremos recapitular y examinar algunos de los principales puntos de inflexión de la desinformación pro-Kremlin en torno a la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania. Además, comentaremos sucintamente las principales narrativas de desinformación que Rusia ha mantenido a lo largo de la guerra, con independencia de lo que ha ocurrido en el campo de batalla.

«Una guerra de tres días»

La acción militar de la guerra actual empezó con una mentira monumental: la de una «operación militar especial». El mismo Putin daba a entender que sus aventuras militares tendrían carácter limitado y los expertos pro-Kremlin se preparaban para celebrar la victoria de Rusia en tan solo unos días. Ahora, tras meses de notable resistencia ucraniana, la movilización general de reservistas rusos y los intentos ilegítimos de anexión de los territorios ocupados, ha quedado ampliamente demostrado que la «guerra de tres días» de Rusia no tiene límites, ni de alcance ni de tiempo.

Una vez que quedó claro que las tropas invasoras rusas no serían recibidas con vítores, los propagadores de desinformación pro-Kremlin se apresuraron a cambiar las reglas del juego, en mitad de la guerra, para poner el viento a su favor. El objetivo de la invasión dejó de ser la abstracta «desnazificación» del país para convertirse en la necesidad de liberar las zonas orientales de Ucrania para salvar a su población de la opresión de Kiev. Esta necesidad se justificó rápidamente mediante una inundación del ecosistema de información pro-Kremlin de falsas acusaciones de que Ucrania estaba cometiendo un genocidio contra su propia población.

Los propagandistas pro-Kremlin han recurrido cada vez más a la retórica genocida, llegando en ocasiones a incitar al odio. Divulgar desinformación que deshumaniza Ucrania e incita a la violencia ha sido la forma que ha tenido el Kremlin desde el inicio de la guerra de sembrar terror y de justificar los crímenes de guerra que Rusia ha cometido en Ucrania.

Desinformación para ocultar crímenes de guerra

Cuando la balanza de la guerra empezó a cambiar, Rusia intensificó el uso de sus activos militares y atacó infraestructuras civiles por toda Ucrania. Mientras tanto, su maquinaria desinformativa se centró en negar y desdeñar los crímenes que el Kremlin estaba cometiendo y en desviar la atención hacia otros temas.

Cuando Rusia atacó el hospital materno-infantil de Mariúpol, los medios de desinformación pro-Kremlin tacharon a las víctimas de nazis. Cuando una estación de ferrocarril de Kramatorsk llena de civiles fue alcanzada por misiles rusos, los propagandistas rusos culparon falsamente a Ucrania de matar a gente inocente que huía de los horrores de la guerra. Cuando varios pilotos rusos lanzaron misiles contra un centro comercial de Kremenchuk, Rusia negó el ataque alegando que sus objetivos son únicamente militares. Cuando se atacaron objetivos civiles en Vinnytsia, fue otra vez porque había nazis allí escondidos.

Cuando Ucrania empezó a liberar territorios de la ocupación rusa, el mundo conoció otra verdad espeluznante sobre las acciones de los «libertadores» rusos en Ucrania. El ejemplo probablemente más revelador sobre la brutalidad indiscriminada y carente de sentido de los invasores rusos se conoció cuando las fuerzas ucranianas liberaron la ciudad de Bucha. Las imágenes de cadáveres de civiles ejecutados y esparcidos por las calles de Bucha dieron rápidamente la vuelta al mundo.

La evidencia de que se habían cometido atrocidades consideradas crímenes de guerra era irrefutable. No obstante, las pruebas tienen poco valor para los medios de desinformación pro-Kremlin. El Kremlin adoptó rápidamente la estrategia de ocupar el espacio informativo con «explicaciones» contradictorias sobre los hechos ocurridos en Bucha: alegar que Ucrania la había provocado, que las atrocidades eran un montaje, que la culpa era de Occidente o que el origen venía de teorías conspirativas. El objetivo, sin embargo, estaba claro: difundir desinformación para ocultar posibles crímenes de guerra rusos.

Algo similar ocurrió cuando las fuerzas ucranianas liberaron la ciudad de Izium y descubrieron cientos de tumbas de civiles y varios lugares de tortura que estuvieron activos durante los seis meses que la ciudad estuvo bajo control ruso. La primera reacción del Kremlin fue tomada directamente de su manual de desinformación: negar con rotundidad los hechos y asegurar que toda prueba es falsa. No obstante, en comparación con lo sucedido en Bucha unos meses antes, el desarrollo del caso de Izium puso de manifiesto que el ecosistema de desinformación pro-Kremlin se avergonzaba cada vez menos de los crímenes cometidos, como el de atacar infraestructuras civiles. Más bien al contrario, los consideraba formas de infundir miedo y alardear del poder de Rusia.

Un disco rayado

El ecosistema de desinformación pro-Kremlin no es especialmente inventivo, a fin de cuentas. Se dedica a repetir y reciclar las mismas mentiras una y otra vez. El ciclo de muerte y mentiras del Kremlin gira casi siempre de la misma forma: desviar la atención del problema, negar las pruebas, demonizar al enemigo, culpar a otros y… vuelta a empezar. Después de todo, culpar a tu adversario de lo que tú mismo eres culpable es uno de los trucos más antiguos del manual de manipulación del Kremlin.

Desinformación para contrarrestar los reveses militares

Desde el 24 de febrero hemos podido constatar varios puntos de inflexión importantes en la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania. La mayoría de ellos, muy desfavorables para Rusia. El ecosistema de desinformación pro-Kremlin ha intentado, no obstante, salvar los reveses sufridos por las fuerzas militares rusas en el frente. Por ejemplo, varios tertulianos repiten con frecuencia el discurso de que Rusia está disminuyendo sus operaciones intencionalmente con el fin de minimizar las bajas civiles.

Tras el éxito de las contraofensivas ucranianas en el este del país a principios de septiembre, los dirigentes del Kremlin se han afanado en distraer a las masas de las pérdidas ocurridas en el frente y han llevado a cabo una escalada política anunciando la movilización de reservistas en Rusia y la convocatoria de referéndums sobre la anexión de los territorios ocupados. La desinformación sobre estos dos temas se propagó con rapidez a través del ecosistema de desinformación pro-Kremlin, especialmente en la televisión estatal rusa.

Los medios rusos controlados por el Estado trataron, por un lado, de restar importancia al éxito de la contraofensiva ucraniana en la región de Járkov y, por otro lado, de «vender» a la población rusa la movilización de reservistas. Su solución, en términos de desinformación, fue bastante retorcida: vincularon la movilización de reservistas a la anexión de territorios y aumentaron al mismo tiempo su retórica alarmista y sus prácticamente indisimuladas amenazas. La jugada del Kremlin estaba clara. Primero celebraría referéndums ilegales para declarar que los territorios ocupados en Ucrania pertenecían desde ese momento a Rusia y luego calificaría la contraofensiva ucraniana para liberar esos territorios como un ataque a Rusia, con el objetivo de utilizar dicho ataque como un llamamiento a la movilización de reservistas.

Quemar puentes

La pretensión de Rusia de que «todo va bien en el frente» sufrió la mañana del 8 de octubre otro duro golpe cuando una explosión envolvió en llamas el simbólico puente del estrecho de Kerch. Pese a que algunos medios de desinformación intentaron ocultar la magnitud de la explosión, la mayoría se hizo eco de las acusaciones de terrorismo que Putin profirió contra Ucrania por haber atacado deliberadamente una infraestructura de vital importancia para Rusia. Del mismo modo, muchos medios de desinformación pro-Kremlin destacaron el significado simbólico del puente con la finalidad de provocar una respuesta emocional en el público y utilizaron la explosión como un grito de guerra para tomar represalias indiscriminadas contra toda la población ucraniana. Además, como era de esperar, también hubo muchas voces que culparon a Occidente de la explosión.

Es probable que los medios de desinformación pro-Kremlin estuvieran preparando el entorno informativo para los ataques con misiles contra objetivos civiles que se produjeron en toda Ucrania solo unos días después. La retórica desinformativa trató de presentar estos atroces ataques como un castigo bien merecido, aunque hay indicios de que estaban preparados desde antes de la explosión del puente del estrecho de Kerch.

Los expertos de la desinformación pro-Kremlin han abandonado desde entonces toda pretensión de que Rusia solo ataca objetivos militares y ahora llaman abiertamente a todos los ucranianos terroristas que merecen ser erradicados. Piden públicamente la «deselectrificación» de Ucrania, lo que básicamente consiste en defender que el ejército ruso ataque a objetivos civiles y cometa así crímenes de guerra. Los principales medios de desinformación alaban los ataques contra las infraestructuras y los sistemas energéticos de Ucrania, y los presentadores se muestran casi satisfechos del dolor y el sufrimiento que Rusia inflige a Ucrania.

Sin embargo, la falsa jovialidad de los tertulianos rusos no ha podido ocultar del todo el alcance de los reveses que el ejército ruso ha sufrido en Ucrania. Llegados a un punto, ni siquiera las estrategias de negación y distracción han podido ocultar la verdad, por lo que los propagandistas pro-Kremlin han tenido que buscar una justificación más verosímil de los fracasos militares. Y dado que habían interiorizado el mantra del Kremlin de «ante la duda, culpa a Occidente», no tuvieron que buscar muy lejos. Como resultado, ahora la principal narrativa de desinformación para justificar las pérdidas en el frente es que la lucha de Rusia contra Ucrania es la lucha de Rusia contra la OTAN y el poder conjunto de Occidente.

En las últimas semanas, los medios pro-Kremlin y sus amplificadores también se han dedicado a señalar la disposición del Kremlin a negociar. Sin embargo, esto recuerda claramente a la táctica de «luchar y hablar» tan usada por otros Estados agresores para conseguir una mejor posición en la mesa de negociaciones. Es difícil tomarse en serio los llamamientos a la paz cuando los propagandistas pro-Kremlin exigen la erradicación de Ucrania en tonos cada vez más amenazadores mientras se lanzan misiles y drones kamikaze rusos sobre civiles e infraestructuras críticas en las ciudades ucranianas.

Hay una característica que unifica las narrativas de desinformación pro-Kremlin sobre el progreso de la guerra de agresión de Rusia. Desde el discurso de Putin que daba comienzo a la guerra el 24 de febrero hasta el reajuste de los objetivos militares, pasando por el anuncio de la movilización de reservistas en Rusia y los intentos de anexión de los territorios ocupados, la visión del mundo de Rusia se define en términos a los que se le otorga un significado diametralmente opuesto al que tiene su significado real. Ocupación es liberación y autodefensa es invasión. A este discurso lo hemos bautizado como neolengua del Kremlin por su inquietante parecido con el idioma ficticio de la profética obra de Orwell 1984.

Destruir el significado original de las palabras es una forma más de manipulación. Otra igualmente insidiosa es la censura y aniquilación de los medios de comunicación independientes de Rusia. Y no solo fuentes de noticias consolidadas y reputadas como Novaya Gazeta han sido objeto de censura y eventual suspensión. Las plataformas de redes sociales Facebook e Instagram han sido prohibidas en Rusia y las autoridades han calificado a su empresa matriz, Meta, de organización extremista.

No obstante, sofocar el libre pensamiento es más difícil de lo que el mismo Kremlin había anticipado. La gente siempre halla formas de eludir las restricciones, lo que da lugar a que se libre entre censores y la población algo parecido al juego del gato y el ratón. Hasta expertos pro-Kremlin de larga trayectoria han decidido dejar de mentir y desertar del ecosistema de desinformación pro-Kremlin, lo que ha expuesto posibles grietas en la aparentemente monolítica fachada del aparato de propaganda del Kremlin.

Más allá de Ucrania

No toda la desinformación pro-Kremlin propagada durante la guerra ha tenido a Ucrania como objetivo. El Kremlin parece haberse dado cuenta de que la mayor parte del mundo apoya a Ucrania, por lo que, en consecuencia, la mayor parte del mundo ha pasado a convertirse en un posible blanco de las «armas de la información» rusas. Cuatro temas han destacado por encima del resto: la seguridad alimentaria, la energía, las armas biológicas y las amenazas nucleares.

Una vez que quedó claro que la guerra duraría más de lo previsto al comienzo, los medios de desinformación pro-Kremlin se movilizaron para disuadir a la comunidad internacional de apoyar a Ucrania. Una de las tácticas más crueles ha sido la de usar la alimentación como arma política contra las comunidades más vulnerables, dejándolas prácticamente a merced de Rusia.

Los medios de desinformación pro-Kremlin han tratado sobre todo de convencer al mundo de que Occidente es el responsable del deterioro de la seguridad alimentaria a escala global y del alza de los precios de productos básicos como el trigo o el aceite de girasol. Rusia intenta activamente persuadir al público mundial de que las sanciones que se le han impuesto son las causantes de la subida de los precios de los alimentos y el combustible. No obstante, lo cierto es que estas sanciones tienen exenciones relativas a la exportación y las operaciones con alimentos y productos agrícolas, y que la guerra que Rusia está librando contra Ucrania es la verdadera causa de la escasez de alimentos y el aumento de los precios de la energía.

Utilizar los miedos más básicos de la gente en su propio beneficio ha sido siempre una de las estrategias favoritas del Kremlin. Y si esos miedos pueden servir como distracción, mejor que mejor. Así pues, no ha sido ninguna sorpresa que los medios de desinformación pro-Kremlin hayan tratado de instrumentalizar los temores post-pandémicos y la susceptibilidad global a las teorías conspirativas desempolvando la falsa narrativa, ya lanzada con anterioridad, de que Occidente financia instalaciones clandestinas en las que se investiga sobre armas biológicas. Esto es un claro intento tanto de justificar la guerra como de desviar la atención de ella. El hecho de que la investigación biológica no esté prohibida no tuvo ninguna importancia para los expertos de la desinformación pro-Kremlin.

Por si el miedo a la posible propagación de contaminantes biológicos procedentes de Ucrania no hubiera hecho suficiente mella en la población de todos los rincones del mundo, los medios de desinformación pro-Kremlin han decidido intensificar la ya beligerante retórica nuclear del Kremlin. A lo largo de la guerra, la maquinaria de manipulación y desinformación del Kremlin ha utilizado el miedo a un posible desastre nuclear, muy arraigado y razonable, para avanzar en el cumplimiento de sus objetivos políticos y militares en Ucrania. Ha divulgado acusaciones de que Ucrania estaba preparando una provocación nuclear en la planta nuclear de Zaporiyia, ha amplificado las apenas disimuladas amenazas de Putin de usar armamento nuclear en respuesta a los intentos de Ucrania de liberar los territorios ocupados y, más recientemente, ha rescatado afirmaciones infundadas de que Ucrania está desarrollando una «bomba sucia».

El Kremlin conoce a la perfección cuáles son sus herramientas de persuasión y disuasión más eficaces: las que tienen que ver con los recursos energéticos. Trata bien a Rusia y te venderá el gas barato; oponte a ella y te cortará el suministro hasta que te congeles. Así pues, los medios de desinformación pro-Kremlin se han volcado con rapidez en propagar temores sobre una posible falta de calefacción en Europa durante el próximo invierno. La narrativa de manipulación es sencilla: deja de ayudar a Ucrania y Rusia hará que fluya el gas, lo que permitirá que los Estados europeos mantengan bajos los precios de la energía. No obstante, si te atreves a pensar en fuentes alternativas a los combustibles fósiles o en los medios para suministrarlos, ten en cuenta que hasta los gasoductos submarinos pueden explotar.

Extender y explotar el miedo es una de las tácticas más comunes del modus trolerandi pro-Kremlin. Y en la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, los propagandistas pro-Kremlin consideran adecuadas todas las armas. Después de que la guerra diera lugar a un flujo importante de refugiados procedentes de Ucrania, los expertos pro-Kremlin han tratado de explotar el miedo a la inmigración y a las personas migrantes, apuntando especialmente a países vecinos que, como Moldavia o Polonia, han acogido a población ucraniana que huía de la guerra.

Los mercachifles pro-Kremlin del miedo y el odio también han procurado presentar a los invasores como protectores de los «valores tradicionales» frente a la inminente amenaza de la nefasta alianza entre la comunidad LGBTIQ+ y el mismísimo diablo. La narrativa de desinformación de proteger los valores tradicionales está impregnada de una homofobia explícita que con frecuencia raya en la abierta incitación al odio. En línea con la habitual disonancia cognitiva ligeramente esquizofrénica que suele dominar la esfera informativa pro-Kremlin, los medios de desinformación han utilizado a la comunidad LGBTIQ+ simultáneamente como blanco y como instrumento de sus manipulaciones.

Uno de los métodos más claros utilizados por el Kremlin para instrumentalizar estos miedos, inseguridades y propensión a las teorías conspirativas es el uso de cuentas diplomáticas rusas en redes sociales, sobre todo Twitter y Facebook, con el fin de hacer llegar la desinformación pro-Kremlin al público global. Dado que la mayor parte de las cuentas han sido verificadas por las plataformas, su aparente legitimidad sirve para otorgar más credibilidad a la desinformación y sus considerables cifras de seguidores, para amplificar los mensajes. Las cuentas en redes sociales del Gobierno y la diplomacia rusos forman parte integral del ecosistema ruso de desinformación y propaganda.

El nazismo y la rusofobia son el hilo que todo lo une

El ecosistema de desinformación pro-Kremlin ha procurado adaptarse a la cambiante realidad del frente y a los caprichos políticos del Kremlin, pero también ha habido narrativas de desinformación generales que se han mantenido iguales a lo largo de la guerra.

Desde el primer día de la invasión, una narrativa de desinformación ha sobresalido de las demás: la de la falsa alegación de que el régimen de Kiev y, por extensión, toda Ucrania es un Estado nazi. La constante descripción de Ucrania como país nazi no es casual. Es una narrativa de desinformación preparada con mucho mimo, que se ha desplegado para suscitar un odio profundo con el que granjearse el apoyo a las acciones criminales del Kremlin, incluido el lanzamiento de su brutal guerra de agresión.

En consecuencia, si bien esta espantosa narrativa de desinformación se dirige principalmente al público ruso, lo que persigue es demonizar a Ucrania a ojos del mundo entero. El ecosistema de desinformación pro-Kremlin ha hecho uso de ella de forma sistemática, ya fuese para justificar los deliberados ataques a civiles ucranianos o para desacreditar al gobierno de Zelenski o a las fuerzas armadas de Ucrania a escala internacional. Estas infundadas acusaciones de nazismo y genocidio se dispararon en los meses y semanas anteriores a la guerra.

La narrativa de desinformación pro-Kremlin sobre la «Ucrania nazi» está estrechamente interrelacionada con las continuas aseveraciones de una supuesta expansión de la «rusofobia» tanto en Ucrania como en Occidente. Este término se ha convertido en la etiqueta favorita de los expertos pro-Kremlin, que no dudan en colgársela a cualquiera que critique a Rusia o a su brutal guerra de agresión en Ucrania. A ojos del Kremlin, todas las acciones están guiadas por la rusofobia, tanto el corte del acceso a los canales de desinformación rusos por parte de la UE y sus Estados miembros como la condena de la UE de la guerra de Rusia y la imposición de sanciones.

Otro elemento que el ecosistema de desinformación pro-Kremlin ha difundido durante años y mantenido a lo largo de la guerra es la alegación infundada de que Ucrania no constituye legítimamente un Estado porque está controlada por Occidente. Este control lo encarna frecuentemente un misterioso grupo de titiriteros a los que el Kremlin conoce como «los anglosajones». Una vez más, la acusación es completamente infundada, pero la narrativa de desinformación sobre el control occidental ha calado bien entre el público propenso a las conspiraciones y se ha utilizado a menudo para menoscabar la soberanía de Ucrania.

Por último, los medios de desinformación pro-Kremlin y sus amplificadores también han tratado de negar, desviar y desdeñar el impacto de las sanciones occidentales impuestas legítimamente a Rusia por lanzar una guerra injustificable y no provocada contra Ucrania.

Es verdad que esta narrativa ha exigido ciertos malabares a los expertos pro-Kremlin, que han tenido que mantener el equilibrio entre afirmar atrevidamente que las sanciones no tienen ningún efecto en la robusta economía rusa y culpar a esas mismas sanciones de ser un instrumento de presión ilegal contra Rusia. No obstante, la narrativa de desinformación general sobre las sanciones siempre ha estado clara: las sanciones perjudican más a Occidente que a Rusia. El Kremlin ha urdido esta enrevesada mentira para disuadir al mundo de apoyar a Ucrania en su justa lucha por la libertad y la soberanía. No se deje engañar.

Cláusula de exención de responsabilidad

Los casos de la base de datos de EUvsDisinfo se centran en mensajes del espacio informativo internacional que ofrecen una representación parcial, distorsionada o falsa de la realidad y que difunden mensajes pro-Kremlin claves. Sin embargo, esto no implica necesariamente que un determinado medio esté vinculado al Kremlin o que su línea editorial sea pro-Kremlin, ni que haya pretendido desinformar de forma intencionada. Las publicaciones de EUvsDisinfo no representan la postura oficial de la UE, puesto que la información y las opiniones expresadas se basan en los informes y análisis de los medios de comunicación del Grupo de Trabajo East StratCom.

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