El 2 de marzo, el Consejo Europeo impuso medidas restrictivas a cuatro ciudadanos rusos.

Se les responsabilizó de cometer graves violaciones de los derechos humanos, en particular detenciones y reclusiones arbitrarias (incluida la de Alexei Navalny), y de ejercer una represión generalizada y sistemática de la libertad de reunión pacífica y de asociación, así como de la libertad de opinión y de expresión en Rusia. La decisión, tomada con arreglo al nuevo instrumento concebido para proteger los derechos humanos en todo el mundo, suscitó el interés mediático, aunque también provocó una ola de desinformación.

La desinformación relacionada con las sanciones de la Unión Europea (UE) no es un fenómeno nuevo. Nuestra base de datos contiene 420 casos sobre sanciones, de los que 35 fueron detectados solo en 2021. La primera narrativa sobre las sanciones que tratamos, allá en 2015, afirmaba que los Estados Unidos (EE. UU) habían convencido a la UE para que impusiera sanciones, y combinaba el tema de las sanciones con el de los países europeos sometidos a la voluntad de los americanos.

Las narrativas de los medios de comunicación pro-Kremlin en la UE y el Reino Unido, así como en los medios de comunicación rusos nacionales, son similares. Algunos ejemplos recientes son:

¿Por qué se sanciona?

En un caso reciente de nuestra base de datos, las sanciones se describen como una reacción ilegal, hipócrita e infantil de la UE. Sin embargo, las sanciones tienen como finalidad provocar un cambio en una política o actividad, así como en los organismos y personas responsables de la conducta malintencionada de que se trate. En general, las sanciones impuestas por la UE pueden ir dirigidas a gobiernos de países terceros o a organismos no estatales (como empresas) y particulares (como grupos terroristas y terroristas). La mayoría de las sanciones van dirigidas a ciudadanos y organismos y consisten en el embargo preventivo de bienes y las prohibiciones de viaje.

Sin embargo, las sanciones de la UE como respuesta a la anexión ilegal de Crimea consisten en lo que se denominan medidas sectoriales; medidas económicas y financieras como restricciones a la importación y exportación, y restricciones a servicios bancarios. La UE adoptó sanciones contra Rusia como respuesta a la anexión de Crimea en 2014 y a la desestabilización deliberada en Ucrania. Los EE. UU, la UE y otros países y organizaciones internacionales impusieron sanciones contra ciudadanos, empresas y funcionarios de Rusia.

Negación de los efectos de las sanciones

La desinformación relacionada con las sanciones se concentra principalmente en las medidas sectoriales. Un caso típico en nuestra base de datos es el de las falsas afirmaciones de que la UE perdió más en términos económicos (y políticos) al sancionar a Rusia que la propia Rusia. Investigaciones académicas muestran que ocurre todo lo contrario.

A pesar de que las sanciones causaron una pérdida del volumen total de exportaciones a Rusia de alrededor del 0,2 % del producto interior bruto (PIB) de la UE, supusieron un lastre para el desarrollo económico de Rusia desde 2014. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó, en 2015, que las sanciones de Occidente y las contrasanciones rusas conllevaron una reducción real inicial del PIB ruso de entre 1 y 1,5 puntos. Probablemente las contrasanciones rusas son las que más han repercutido en el bienestar de los ciudadanos rusos, ya que provocaron un incremento de los precios de los productos nacionales, aumentando así los gastos de consumo de la población, los que a su vez genera una verdadera reducción del bienestar y una mayor diferenciación social. En 2019, el FMI estimó que las sanciones combinadas redujeron la tasa de crecimiento de Rusia en 0,2 puntos porcentuales cada año durante el período 2014-2018.

El impacto de las sanciones fue también un factor causante de la devaluación del rublo ruso y la crisis financiera rusa. Las sanciones redujeron los flujos de comercio exterior y de capital extranjero hacia Rusia, aunque la caída del precio del petróleo tuvo un mayor impacto en la economía rusa que las sanciones. El «Washington Post» fue inequívoco: «Las sanciones han impedido el crecimiento económico ruso y minado el bienestar y las oportunidades de la clase media urbana».