Preparaos para el invierno
El invierno ha llegado a Ucrania. Mientras la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania entra en su tercer periodo frío desde su inicio en febrero de 2022, el pasado fin de semana se produjeron los ataques rusos con drones contra objetivos civiles de Ucrania que probablemente fueron los más intensos de lo que llevamos de conflicto. ¿Cuáles son las estrategias favoritas del Kremlin para las estaciones frías? Un análisis más a fondo de los inviernos de 2022 y 2023 puede servir como advertencia sobre lo que podría estar por llegar.
Tras más de 21 meses de guerra de alta intensidad y de destrucción injustificada de todos los sectores de Ucrania, la desinformación procedente del Kremlin ni siquiera intenta ocultarlo: el objetivo de Moscú es destruir el estado ucraniano moderno. A Ucrania se le está negando su condición de Estado y su identidad. Putin y todos los expertos en desinformación insisten en que Rusia no puede aceptar como vecino a un país que anhele un futuro libre del control de Moscú. Para el Kremlin, esta forma de organizar el mundo se ha convertido prácticamente en una ley natural. Los sondeos de opinión pública realizados por el Centro Levada, el único instituto no controlado por el Gobierno, siguen señalando que alrededor del 70 % (41 + 32 %) de la población rusa está a favor de las operaciones militares rusas en Ucrania.

No obstante, ¿cómo se convence a la población de otros países? La respuesta a esta pregunta es con fuerza bruta y manipulación.
Morir congelados o rendirse
A pesar de sus duros ataques, Rusia no pudo doblegar el espíritu de Ucrania en los primeros meses fríos del conflicto en 2022, febrero, marzo y abril, tal y como lo documentamos en este resumen de los cien primeros días de la guerra.
Durante el invierno pasado, a partir de noviembre de 2022, Moscú intentó de nuevo «manipular a la opinión pública» ucraniana en el contexto de los bombardeos a gran escala contra infraestructuras energéticas y de calefacción con la intención de destruirlas. También intentaron desmoralizar a Europa prediciendo que el continente colapsaría ante la falta de gas ruso. Nada de esto le funcionó al Kremlin. Ucrania y Europa resistieron. Consulte nuestro análisis «The deep winter freeze that wasn’t» (contenido disponible solo en inglés por el momento), sobre cómo las narrativas de desinformación del Kremlin en materia energética dirigidas contra Europa se quedaron en agua de borrajas.
Finge que negocias
La perspectiva de una negociación para la paz tiene poderes mágicos. ¿Qué otra cosa pueden desear más quienes viven bajo una tormenta de bombas que escuchar que se está negociando la paz y que su sufrimiento acabará pronto? Sin embargo, la población ucraniana de lugares como Bucha, Mariúpol y las regiones próximas a Járkov, entre otros, ya sabe lo que la paz bajo el control ruso conlleva: deportaciones y atrocidades.
El Kremlin ya ha usado un par de veces el truco de fingir que quiere la paz. Examinamos esta táctica antes de que comenzase la guerra, durante las ridículas propuestas de paz de diciembre de 2021, que, entre otras cosas, pedían a la OTAN que volviese a sus fronteras anteriores a 1997. Tras la invasión a gran escala, en las negociaciones celebradas en Bielorrusia en marzo de 2022, Moscú pidió a Kiev que le cediera territorio y que se rindiera, simple y llanamente. En el otoño de 2022, tras una destrucción inédita en la historia del mundo reciente de infraestructura agrícola, puertos y cultivos, y tras la absurda «anexión formal» de cuatro regiones ucranianas a la Federación Rusa, Rusia lo volvió a intentar: ¡acepta la pérdida de los territorios anexados y deja de luchar!
Invierno de 2023: el canto de sirenas de la paz
Ahora, a las puertas de diciembre de 2023, a los misiles y drones rusos se suman los intentos del Kremlin por sembrar nuevas dudas sobre la credibilidad de varios líderes políticos ucranianos y occidentales. En las últimas semanas hemos documentado cómo ha ido ganando fuerza la campaña contra el presidente Zelenski, su mujer y el comandante de las fuerzas armadas ucranianas, el general Zaluzhnyi.
Esta semana, la campaña ha seguido su curso dando una amplia cobertura en medios estatales rusos y plataformas pro-Kremlin (aquí, aquí y aquí) a la «información revelada» por David Arakhamiya, un miembro destacado del partido político de Zelenski y el presidente de la delegación ucraniana en las conversaciones de paz de la primavera de 2022. Los medios escogieron cuidadosamente varias citas que aseveraban que las negociaciones de paz mantenidas en Bielorrusa en marzo de 2022 habrían prosperado de no haber sido por la siniestra mano de los anglosajones y, en particular, de Boris Johnson, a quien el ecosistema del Kremlin considera un belicista.
Los medios pro-Kremlin se centran en el primer dato: que la paz podría haberse garantizado si Ucrania se hubiera comprometido a mantenerse neutral y no entrar en la OTAN. No obstante, olvidaron mencionar la otra parte importante de la entrevista concedida por Arakhamiya al medio de comunicación ucraniano 1+1, que fue recogida por Ukrainskaya Pravda: Kiev no confiaba en que Rusia fuera a cumplir tal pacto y no volviese a atacarles.
A juzgar por la experiencia, la estrategia de negociación rusa parece consistir en que, ante cada concesión de Ucrania, Rusia eleva las exigencias de sus demandas y pide nuevas concesiones, dejando a su interlocutor cada vez más debilitado.
Entretanto, los infinitos y renovados bulos del Kremlin persiguen debilitar el apoyo internacional a Ucrania haciendo creer que el país es nazi, que está controlado por pedófilos corruptos, que está dividido por las numerosas tentativas de golpe de estado y que, en su desesperación, está enviando al frente a niños y gente mayor. De forma simultánea, también se acusa a Polonia, el chivo expiatorio favorito de Moscú, de querer resucitar el imperio polaco.
En pocas palabras, Occidente debe abandonar a Ucrania y buscar un acuerdo con Moscú. No obstante, como en la mitología griega, el canto de sirenas está concebido para engatusar a los marineros y hacer que su barco naufrague.

También bajo nuestro radar de desinformación esta semana:
- Bombas occidentales provocan una afluencia masiva de refugiados en la frontera entre Rusia y Finlandia. Esta narrativa es parte de una incesante campaña pro-Kremlin cuyo objetivo es, una vez más, usar la inmigración como un arma híbrida contra la Unión Europea y Finlandia, probablemente como represalia por la unión de Finlandia a la OTAN y para agitar el sentimiento antioccidental en el contexto del conflicto de Gaza. La guerra de Gaza no guarda ninguna relación con la situación de la frontera rusofinlandesa, pues la mayoría de las personas migrantes que intentan llegar a Finlandia proceden de Irak, Siria, Yemen y Turquía. Han sido las acciones de Rusia las que han llevado al Gobierno finlandés a decidir cerrar toda su frontera oriental desde el 30 de noviembre al 13 de diciembre, dejando abierta la posibilidad de prolongar el cierre.
- Occidente prepara a Georgia para una nueva «revolución de colores». Tampoco es cierto. El momento actual es clave para entender por qué este conocido bulo del Kremlin ha reaparecido ahora con afirmaciones muy parecidas, como que Occidente y Ucrania han pedido a Georgia que le declare la guerra a Rusia. La Comisión Europea ha recomendado hace poco que se otorgue a Georgia la condición de país candidato a la adhesión a la UE. Esta condición choca con la idea expuesta anteriormente, en la que Moscú cree tener el derecho de dominar a sus países vecinos. El Kremlin ve oscuras fuerzas «occidentales» tras cualquier manifestación de ambición política opuesta a la voluntad de Moscú. El Kremlin es incapaz de entender que la gente de cada país tenga ambiciones geopolíticas propias, así que los tilda de rusófobos o de «revolucionarios de colores».
- Terminamos con un ciberanzuelo: Niños ucranianos vendidos por 150 000 dólares en la frontera polaca. Esta tergiversación persigue menoscabar el liderazgo de Kiev, incluido el de su presidente Zelenski y, en términos más generales, el de Ucrania. Es tan descabellada como el llamado «Pizzagate», por el que se acusó a Hillary Clinton de dirigir una red de maltrato infantil. No obstante, si se promueve desde un ejército de troles y bots de IA, podría inundar el espacio informativo y desviar la atención del verdadero problema: los atroces ataques a sangre fría de Rusia contra objetivos civiles en Ucrania. ¡No muerda el anzuelo! Consulte la base de datos de EUvsDisinfo
A partir del 1 de diciembre, síganos en las redes sociales, como Instagram, para ver la actualización diaria de nuestro «calendario de adviento» sobre los bulos desinformativos más descabellados del Kremlin durante este 2023.


