Recordar es difícil, pero leer nombres el 29 y el 30 de octubre ayuda (actualización octubre 2022)
Hace un año, en octubre de 2021, publicamos el siguiente artículo con motivo del 30 de octubre, el Día de conmemoración de las víctimas de la represión en Rusia. Desde entonces, se han producido importantes acontecimientos, entre los que destacan el ataque a gran escala de Rusia contra Ucrania, la decisión de las autoridades rusas de liquidar la organización Memorial, (véase nuestra entrevista aquí) y, por último, el hecho de que Memorial sea uno de los tres galardonados con el Premio Nobel de la Paz 2022. Según la motivación del Premio:
«Los galardonados con el Premio de la Paz representan a la sociedad civil en sus países de origen. Durante muchos años han promovido el derecho a criticar el poder y a proteger los derechos fundamentales de los ciudadanos. Han realizado un esfuerzo extraordinario para documentar los crímenes de guerra, las violaciones de los derechos humanos y el abuso de poder. Juntos demuestran la importancia de la sociedad civil para la paz y la democracia».
Este año, expuestos al peligro
Si el año pasado ya era complicado conmemorar y rendir homenaje a las víctimas en Rusia, este año se ha vuelto peligroso hacerlo de forma libre e independiente. Ello se debe a los actos represivos de las autoridades rusas, que emprenden acciones judiciales y reprimen con brutalidad policial cualquier manifestación y concentración pública que no hayan organizado ellas mismas. En la esfera de la información, las organizaciones independientes de la sociedad civil se enfrentan a campañas de desprestigio destinadas a manchar su reputación, por las que se las tacha de «quinta columna» o de «enemigo del pueblo» y a quienes, en palabras de Putin, «hay que escupir como si fueran moscas en la boca».
Mantener vivo el recuerdo
Para que el 30 de octubre no se convierta en un «día del olvido», puede recordar a las víctimas accediendo fácilmente a este archivo web, que documenta sus historias personales o los lugares, campos o prisiones en los que se ejerció tal represión.
Octubre de 2021:
Antes del 30 de octubre, día en que se recuerda a las víctimas de la represión política en Rusia, EUvsDisinfo habló con Alexandra Polivanova, miembro de la junta directiva de la ONG Memorial International. Reside en Moscú y trabaja con Memorial desde hace muchos años.
En 1991, el 30 de octubre se estableció como día nacional en Rusia por decisión del Gobierno. La ONG rusa Memorial, en la que el ganador del Premio Nobel de la Paz Andréi Sájarov desempeñó un importante papel, ha sido fundamental para documentar la represión y ayudar a rendir homenaje a las víctimas. Cuenta con el apoyo de una amplia comunidad en toda Rusia, que colabora con donaciones, trabajo voluntario u otro tipo de ayuda.
Sin embargo, en los últimos años, Memorial y otras ONG han sido sometidas a presión por parte de las autoridades rusas al ser tildadas de «agentes extranjeros» en una campaña de desprestigio con juicios fraudulentos y desinformación, a lo que se sumó recientemente un atentado contra la sede de Memorial en Moscú. Otro ejemplo es el procesamiento y la sentencia contra el investigador independiente Yuri Dmitriev, quien había logrado identificar a muchas víctimas hasta entonces anónimas; una sentencia judicial que la UE también criticó, exigiendo su inmediata liberación.
El ataque contra Memorial, un ataque a la memoria
En palabras de Alexandra Polivanova: «Memorial es una organización pública de base que parte de valores que están verdaderamente presentes en la sociedad y que contradicen la política actual del Estado ruso con respecto a sus ciudadanos. Supongo que lo que más teme el Gobierno actual es a sus ciudadanos: sus impulsos, sus opiniones, sus decisiones electorales y sus posibles acciones».
Cuando no puedes silenciar el mensaje, atacas el prestigio y la posición del mensajero, Memorial. La ONG se queja de la etiqueta de «agente exterior». Alexandra Polivanova: «Está claro que Memorial no es el agente de nadie. Trabajamos para la sociedad civil rusa, a la que el Gobierno teme». Polivanova cree que la legislación ha afectado gravemente a numerosas ONG. «Algunas ONG se han visto obligadas a cerrar. Para las que han sobrevivido, se ha vuelto muy difícil llevar a cabo el trabajo cotidiano debido a la enorme cantidad de burocracia adicional. Es más, resulta muy difícil trabajar con la sociedad. Memorial es una organización pública. Colaboramos habitualmente con distintos socios (escuelas, museos, universidades, bibliotecas, etc.) y, para todas estas organizaciones, está prácticamente prohibido trabajar con nosotros. Por último, y lo más importante, esta legislación tiene un efecto terrible sobre las personas, la sociedad y el clima de confianza en la sociedad. La gente simplemente tiene miedo a todo lo que no esté aprobado de forma explícita por el Estado. Muchas personas no saben en quién confiar, no creen en los demás. Abandonan su propio pensamiento crítico».
El ataque contra la oficina central de Memorial en Moscú del 14 de octubre se produjo durante la proyección de «Mr. Jones», una película que describe el Holodomor, la gran hambruna que se vivió en Ucrania tras la colectivización forzosa de las tierras agrícolas impuesta por Stalin. La respuesta de la policía fue un tanto extraña: no se centraron en buscar a los violentos atacantes, que escaparon, ni en investigar la extraña presencia del equipo de televisión del conocido canal NTV, sino que se dedicaron a registrar las oficinas de Memorial cercanas y a identificar a los espectadores.
La creciente popularidad de Stalin
Todo esto tiene lugar en el contexto de una lenta pero constante promoción del sistema de Stalin en las principales instituciones culturales rusas y en todos los medios de comunicación controlados por el Estado.
El terror y la represión de Stalin ocasionaron sufrimiento y la pérdida de millones de vidas. Ni una sola familia rusa se ha librado de una forma u otra de las consecuencias, a menudo mortales, del brutal régimen del dictador. Sin embargo, y paradójicamente, la popularidad del dictador ha aumentado de forma significativa, según documentan encuestas periódicas llevadas a cabo año tras año: en mayo de 2021, el 56 % de la población lo veía como un gran dirigente, el doble que en 2016.
No se trata de querer a Stalin, sino de dar forma a una nueva percepción
La compleja percepción humana está constantemente expuesta a influencias y presiones. Los crímenes de Stalin cada vez parecen más olvidados a pesar de estar documentados desde hace mucho tiempo, empezando por las denuncias que ya hizo en 1956 Jrushchov en su «discurso secreto». Pocos supervivientes son capaces de contar de primera mano cómo funcionó en la práctica la represión y cómo llevaron a la degradación humana las detenciones (a menudo sin un motivo justificado), los absurdos interrogatorios, las torturas, los encarcelamientos y los campos de trabajo.
En lugar de recuerdos de primera mano, el espacio público está dominado por un flujo constante de docudramas halagüeños, películas, programas de televisión, material gráfico y grandes exposiciones llamativas sobre las décadas de 1930 y 1940. En los últimos diez años, Stalin se presenta cada vez más como un fuerte y sólido dirigente del Estado, imprescindible para mantener la estabilidad y directamente relacionado con la digna posición de la industria de la URSS y como el único hombre que consiguió la victoria en la Gran Guerra Patria (Segunda Guerra Mundial).
Dos pequeños ejemplos ilustran lo lejos que ha llegado Rusia a este respecto en la última década: en 2009, surgió un animado debate público sobre si una estación de metro de Moscú podía volver a exhibir en su vestíbulo una frase del himno nacional soviético en la que se elogiaba a Stalin. ¿El resultado? No, no se permitió. En 2015, seis años más tarde y tras la constante manipulación de la percepción de la opinión pública, Stalin ocupó un lugar preponderante en la sala de exposiciones más prestigiosa, el Manezh, situada muy cerca del Kremlin, en una exposición titulada «Mi historia 1914-1945», junto con una exposición sobre el Realismo soviético clásico que presentaba la mayor colección de cuadros de Stalin de las últimas décadas: Stalin en el nuevo aeródromo, Stalin con niños, Stalin primero entre iguales frente al cuerpo yacente de Lenin, Stalin tranquilizando al moribundo Maxim Gorky, Stalin dirigiéndose al partido, etc. En resumen: se había retrocedido el reloj hasta antes de Jrushchov en 1956.

«Mi historia»: olvidad el gulag
En la exposición «Mi historia» predominaban las citas de Stalin, al igual que los elogios a su mandato. Tan solo un pequeño rincón oscuro proporcionaba una escasa y pobre visión del sistema de gulags, pero nadie mostró ningún interés al respecto. Los llamativos vídeos que presentaban lo hermosa que era la vida en la URSS de Stalin captaron toda la atención. Se promovió la narrativa de la fortaleza asediada. En entrevistas de vídeo, jóvenes rusos daban su opinión sobre la exposición: ahora entendían correctamente la historia. Se elogiaba el pacto Ribbentrop-Mólotov con la Alemania nazi como una obra maestra política, se cuestionaba por qué tendría que ser diferente para la URSS si muchos países tenían pactos de no agresión con la Alemania nazi (una observación hecha reiteradamente también por Putin), y se explicaba cómo Polonia era la culpable: «whataboutismo» en acción. La exposición, que está en un formato digital que se puede adaptar fácilmente, recorrió toda Rusia desde 2013 y es ahora exposición permanente en el parque de exposiciones de Moscú VDNJ.
El mismo patrón de valoraciones sobre el papel de Stalin puede verse en los principales museos estatales rusos, que albergan exposiciones sobre las fuerzas armadas, la victoria en la Segunda Guerra Mundial o el periodo entre los años 1930-1950. Incluso si el propósito no era fomentar un nuevo culto o amor por Stalin, lo cierto es que todo esto le ha traído una popularidad notable.
Lectura de los nombres de las víctimas el 29 de octubre
Alexandra Polinova se enorgullece de que Memorial iniciara en 2007 la tradición de realizar actos públicos el 29 de octubre. La gente podía reunirse para leer los nombres de las víctimas de la represión política. Un acto simple y solemne en el que solamente se pronunciaba el nombre y la fecha de la muerte o desaparición de las víctimas. La ceremonia de Moscú solía durar horas. Esta se celebraba en el monumento de la Piedra Solovetsky, erigido por Memorial en 1990 enfrente del servicio de seguridad del NKVD, posteriormente la KGB y ahora sede central del FSB. Su duración es ya en sí misma un duro recordatorio de las enormes dimensiones que tuvo la represión.
Debido a la COVID-19, la ceremonia se realizará en línea este año, al igual que en 2020. El 29 de octubre, de las 10:00 a las 22:00, hora de Moscú, los vídeos elaborados por particulares se sumarán a un maratón de personas, nombres y monumentos. Se retransmitirá en directo en el sitio web de Memorial: https://october29.ru/return-of-the-names.
