Al no verse obstaculizada por los hechos, la desinformación puede a veces dar giros sorprendentes e inesperados. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, los medios de comunicación pro-Kremlin se basan en un conjunto de narrativas bien afianzadas que se usan como plantilla para situaciones particulares. La aplicación de tales plantillas es más evidente que nunca en la cobertura que efectúan los medios pro-Kremlin de las protestas populares que han tenido lugar en todo el mundo.

«Una revolución de colores, instigada por los anglosajones, América u Occidente»: ese es el acto reflejo de los medios de comunicación pro-Kremlin cuando las multitudes salen a la calle para protestar contra la corrupción, los abusos gubernamentales y las limitaciones de los derechos civiles, como en Georgia, Armenia,  Hong Kong o, incluso, Estados Unidos. Pero sobre todo, obviamente, se aplica a Ucrania y a las protestas del Euromaidán que tuvieron lugar en 2013 y 2014.

De hecho, durante las protestas del Euromaidán los medios pro-Kremlin acuñaron la mayoría de las retóricas de desinformación respecto a las protestas populares. Dichas protestas se presentaron como una revolución de colores y un golpe de Estado, orquestado y financiado por América y Europa, incitado por los servicios secretos, propulsado por neonazis y rusófobos, que desembocó en un caos económico y político.

El Euromaidán, guiado por un espíritu de transparencia y democracia, fue una abominación desde el punto de vista de los medios de comunicación pro-Kremlin y una advertencia sobre el poder de las protestas ciudadanas genuinas. Esto explica por qué, casi siete años después, los medios pro-Kremlin siguen difundiendo los mismos clichés de desinformación, ya se trate de protestas públicas en Ereván, Mineápolis o Minsk.

Bielorrusia

En lo que respecta a Bielorrusia, los medios de comunicación pro-Kremlin no se apresuraron a defender al asediado presidente en funciones, Aleksandr Lukashenko. Los reportajes de las noticias vespertinas de los canales de televisión controlados por el Estado ruso mostraban a un grupo de personas en Bielorrusia coreando «dimisión» a Lukashenko mientras este trataba de convocar a los obreros de una fábrica en Minsk (un segmento que fue censurado en la televisión estatal bielorrusa). El domingo por la noche, Vladimir Soloviev, propagandista del Kremlin, lamentó la violencia contra los manifestantes, entre otras cosas, porque afectó a varios periodistas rusos, incluidos varios trabajadores de Sputnik, la agencia de noticias.

El destino de Aleksandr Lukashenko no es una cuestión especialmente importante para los medios de comunicación pro-Kremlin. En su lugar, los canales de desinformación hablan de una revolución de colores en Bielorrusia, llevada a cabo según el escenario del Maidán y controlada desde Polonia con manifestantes «entrenados», porque lo que constituye un peligro real es la libre voluntad y la determinación del pueblo que toma las calles y exige responsabilidades, siendo dicho pueblo, en consecuencia, objetivo de la desinformación pro-Kremlin.