Sin vosotros

septiembre 15, 2022

El éxito de la contraofensiva ucraniana ha dejado al descubierto las grietas en la infosfera rusa, pero las actitudes colonialistas y el discurso de odio tóxico aún prevalecen e inspiran más atrocidades.

La exitosa contraofensiva ucraniana lanzada en la región de Járkov ha copado las noticias los últimos días. El rápido y decisivo avance de las fuerzas armadas de Ucrania permitió derrotar y, en algunos casos, diezmar a las fuerzas de ocupación rusas, incluidas algunas de sus unidades más «prestigiosas» y devolvió la mayor parte del óblast de Járkov al control ucraniano.

Cuando los informes sobre el avance ucraniano llegaron a Rusia y al Kremlin, los medios de desinformación controlados por el Estado ruso y sus expertos parecían estar, al menos al principio, en un estado de confusión y desconcierto con respecto al éxito de la contraofensiva de Ucrania.

El portavoz del Ministerio de Defensa, Igor Konashenkov, trató de difundir un mensaje de que las fuerzas rusas se estaban «reagrupando» en la región de Járkov. Sin embargo, incluso algunos de los partidarios más acérrimos de la «operación militar especial» se mostraron escépticos y exigieron una valoración más honesta de la situación. Algunos comentaristas han planteado preguntas contundentes sobre el estado de las fuerzas rusas y el dinero invertido e, incluso, han participado en desmentir el discurso oficial expuesto, comentarios que han suscitado amenazas apenas encubiertas de una represión por parte del Kremlin.

No obstante, las críticas públicas a la ejecución de la «operación militar especial» no tienen que confundirse con una llamada a la paz o a la retirada voluntaria de las tropas rusas de Ucrania. De hecho, tal como hemos informado previamente, las palabras de odio que predican acciones genocidas y crímenes de guerra contra Ucrania y su población siguen siendo comunes entre los blogueros militares y los expertos de los programas de entrevistas vespertinos. A pesar de la humillación sufrida en el campo de batalla a manos de las tropas ucranianas en avance, el ejército ruso está feliz de cumplir las órdenes, tal como lo demuestran sus más recientes ataques con misiles contra infraestructuras civiles en Ucrania.

Para desviar la culpa y explicar los grandes reveses militares recientes, los propagandistas del Kremlin emplean el clásico e inveterado truco de culpar a los mercenarios occidentales (también aquí) y a las tropas de la OTAN de sus problemas, en vez llevar a cabo un ejercicio de honesta introspección. Incluso en los momentos de escasa honestidad, la culpa no se atribuye al propio zar en funciones, sino a los boyardos que lo engañaron para iniciar la guerra, así como al mundo occidental que supuestamente lucha en el campo de batalla contra Rusia.

A medida que las fuerzas ucranianas avanzaban, los ocupantes rusos huían a pie, en bicicleta y, en ocasiones, vestidos de civil, dejando atrás su equipamiento pesado. Mientras las fuerzas de ocupación rusas en la región de Járkov eran derrotadas y huían para salvar sus vidas, los moscovitas homenajeaban a su ciudad bajo una lluvia de fuegos artificiales de diferentes índoles. El Kremlin proyectaba una sensación de normalidad en la capital, al tiempo que las ambiciones imperialistas rusas se desmoronaban con rapidez en Ucrania.

Para los ucranianos no existe ni siquiera una mera apariencia de normalidad. Los informes (véase también aquí y aquí) procedentes de las regiones recién liberadas exponían una narrativa ya demasiado familiar de atrocidades indescriptibles, no muy diferentes a las que acontecieron en Bucha, perpetradas por las fuerzas de ocupación rusas contra la población civil. No es de extrañar que ya estemos presenciando una proliferación de desinformación pro-Kremlin (véase también aquí) que trata de forma desesperada de desacreditar los primeros hallazgos.

Por tanto, no sorprende que los ucranianos hayan decidido seguir, en las palabras contundente del presidente Zelenski, «sin vosotros». Del mismo modo, la Unión Europea (UE) también trabaja para romper los lazos tóxicos de influencia, tal como se mencionó ayer en el discurso sobre el estado de la Unión de la presidenta Ursula von der Leyen.

Otras narrativas de desinformación:


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