El revisionismo histórico se renueva en clave moderna: ahora los medios pro-Kremlin califican los eventos del 13 de enero de 1991 en Vilna como una «revolución de colores».

El portal BaltNews, por lo general un mediocre altavoz de la desinformación pro-Kremlin de origen estatal, logró algo notable el pasado noviembre. En solo un titular, «La primera revolución de colores en la URSS tuvo lugar en Lituania», consiguió resumir los principios fundamentales de la desinformación pro-Kremlin.

El titular, seguido de una «entrevista» con un antiguo especialista en propaganda del ejército soviético, cumplía uno por uno todos los puntos de la propaganda:

  • entrar en el revisionismo histórico: conseguido;
  • desacreditar los movimientos democráticos etiquetándolos como «revoluciones de colores» orquestadas: conseguido;
  • machacar las mismas narrativas de desinformación de siempre año tras año: conseguido.

Hace treinta años, el 13 de enero de 1991, miles de lituanos se reunieron en la torre de telecomunicaciones, la sede de la radio y televisión y el edificio del Parlamento de la capital, Vilna, para plantar cara a las tropas soviéticas desplegadas para impedir la independencia de Lituania. El Día de los Defensores de la Libertad, como se lo conoce actualmente, fue uno de los momentos clave que llevaron a la disolución de la Unión Soviética. Tres décadas después, es un objetivo destacado de la desinformación pro-Kremlin.

Este año, las publicaciones pro-Kremlin han alegado que los «fascistas americanos» y los «colaboradores locales» utilizaron los eventos del 13 de enero de 1991 para destruir la URSS. Esas reivindicaciones son un intento de revisar no solo la historia lituana, sino también la rusa, e ignoran que miles de moscovitas salieron a las calles en enero de 1991 para respaldar la independencia de Lituania.

Un manifestante pacífico se planta ante un tanque soviético en Vilna, enero de 1991

Los Estados bálticos en el punto de mira

Según los medios pro-Kremlin, la independencia de los Estados bálticos es una pesadilla histórica o, en el mejor de los casos, un «complot» americano. Esta semana, hemos visto reivindicar que los Estados bálticos reciben instrucciones sobre cómo deben reaccionar ante los principales sucesos internacionales del Departamento de Estado de EE. UU. por fax, que EE. UU. presiona a Lituania para que compre gas americano y que Lituania, culpable de tensar las relaciones con Rusia, ni siquiera es un Estado independiente.

Así pues, puede sorprender que se acuse a Lituania, junto con Polonia y Ucrania —países que, según los medios de información pro-Kremlin, carecen de cualquier tipo de capacidad de decisión política propia de cierto calado— de continuar su supuesta interferencia activa en Bielorrusia. En el mundo de la desinformación pro-Kremlin, la lógica y la coherencia son opcionales.

Revolución de colores en América

Los medios de comunicación pro-Kremlin, ajenos a los hechos, recurren a la «revolución de colores» cada vez que tratan de socavar los movimientos democráticos en todo el mundo. Normalmente, una supuesta «revolución de colores» implica que fuerzas externas malintencionadas —con frecuencia, EE. UU.— promueven las protestas populares. Hemos visto tales reivindicaciones en los casos de Ucrania, Georgia, Armenia, Hong Kong y Bielorrusia.

Esta semana, después del asalto al edificio del Capitolio estadounidense por parte de una muchedumbre enfurecida, la televisión rusa de control estatal recurrió a su conocida retórica para tratar de convencer a los espectadores nacionales de que en los mismísimos Estados Unidos había tenido lugar una revolución de colores, orquestada por el «pantano de Washington». Diferentes emisoras pro-Kremlin en español, inglés y otros idiomas transmitieron el mensaje y afirmaron que el «Estado profundo» había maquinado un fraude electoral y atraído a los manifestantes al edificio del Capitolio con el fin de imponer un sistema unipartidista en EE. UU. y marcar el inicio de una era de fascismo neoliberal. Los conceptos de desinformación «pantano» y «Estado profundo» no son originales de los medios de comunicación pro-Kremlin, aunque estos han demostrado tener una notable capacidad para hacerlos suyos y amplificarlos.

El antisemitismo, que siempre ronda alrededor de las teorías conspirativas y las predicciones apocalípticas, ha resultado también atractivo para las publicaciones pro-Kremlin, que han declarado que los sionistas controlan el liderazgo tanto político como militar de EE. UU.

Los hechos de la semana pasada en Washington han mostrado, una vez más, las consecuencias de la desinformación en la vida real. Para los medios de comunicación pro-Kremlin, fue tanto una fuente de alegría como una ocasión para desacreditar la democracia en América a los ojos del público nacional e internacional, así como para reforzar los ataques de desinformación contra Joe Biden, presidente electo de Estados Unidos.

La desinformación sobre las vacunas compite por ser el centro de atención

A pesar de estar muy ocupados abordando los sucesos mundiales a través de la lente de la desinformación, los medios pro-Kremlin encontraron tiempo para reforzar su narrativa acerca de la «guerra de las vacunas». Afirmaron que Occidente está en contra de la vacuna Sputnik V por miedo a la competencia . También acusaron a la Unión Europea de negarse a comprar la vacuna por razones políticas y a la OTAN de tratar de contener a Rusia a base de desacreditar la vacuna rusa, y culparon a Ucrania de lo que los medios pro-Kremlin describieron como la destrucción planificada de su propio pueblo.

No obstante, a pesar de las mentiras y la bilis difundidos por los medios de comunicación pro-Kremlin, la vacunación contra la COVID-19 ha comenzado ya en toda la UE, que está negociando con más empresas para recibir un número de vacunas aún mayor. Mientras tanto, los lituanos conmemoran su victoria contra la ocupación soviética y el próximo presidente de Estados Unidos será investido la semana que viene.