El término «cortina de humo» hace referencia a una táctica militar que consiste en generar humo para entorpecer la vista del enemigo. Fuera de los contextos militares, se ha convertido en sinónimo de artimaña y engaño.

Desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia el 24 de febrero de 2022, los medios estatales rusos y pro-Kremlin se han dedicado a difundir desinformación relacionada con la energía, todo ello con el objetivo de intentar ocultar la intención, por parte de Moscú, de usar el suministro de energía como chantaje para obtener de Occidente concesiones políticas, como el levantamiento de las sanciones, o el apremio a Kiev para que acepte las exigencias rusas. En el contexto de esta campaña, hay tres narrativas de desinformación que destacan especialmente.

La primera narrativa: culpar a las sanciones de la UE

La primera narrativa afirma que las sanciones que Occidente ha impuesto contra Rusia son las culpables de la subida de los precios de la energía este invierno. Algunos medios, en particular RT, culpan específicamente a «Bruselas» de los problemas energéticos por los que atraviesa Europa, mientras que Rusia no tiene ninguna culpa de las consecuencias de su ataque no provocado e ilegal. Algunas subnarrativas aseveran que las sanciones son inefectivas, ya que están fortaleciendo a Rusia y destruyendo las economías europeas.

Los medios de comunicación afines al Kremlin rara vez piden abiertamente la derogación de las sanciones, quizá porque los propagandistas afirman que lo que realmente hacen es reforzar a Rusia o perjudicar más a Europa que a Rusia. Cuando los medios pro-Kremlin plantean el posible levantamiento de las sanciones, tienden a presentarlo como «el regreso de la UE a una política responsable» o como una «ayuda para Europa, ya que a Rusia le resulta completamente indiferente».

Decidir cómo deben tratarse las sanciones desde el laberinto de espejos de las narrativas del Kremlin es una cuestión delicada. En las reuniones privadas, los altos cargos rusos suelen reivindicar el levantamiento de las sanciones impuestas por Occidente, como una condición previa para llegar a ciertos acuerdos: el pasado mes de agosto advirtieron que debían levantarse las sanciones técnicas de la UE a los equipos y piezas necesarios para que se pudiera volver a suministrar gas a través del Nord Stream 1 (que todavía no había sido saboteado). De hecho, la postura de bloqueo que Rusia había adoptado en julio fue un aviso de que el Kremlin estaba decidido a cortar el suministro y a utilizar el gas como arma política.

La segunda narrativa: no existe alternativa a la «fiable Rusia»

La segunda principal narrativa afirma que la UE cuenta con escasas o nulas alternativas a los combustibles fósiles rusos para cubrir sus necesidades energéticas. Entre las subnarrativas se incluyen declaraciones que sostienen que la transición a las energías renovables es la causante de la inflación energética y que EE. UU. se ha beneficiado de manera oportunista de la crisis europea mediante la venta de gas natural licuado (GNL).

Una tercera versión: ¡a congelarse!

La tercera narrativa afirma que sin el gas ruso, los países europeos se congelarán de frío durante el invierno y pronostica una oleada de protestas generalizadas que supuestamente desatarán el caos en las calles de toda Europa y podrían incluso derrocar a los gobiernos de la UE y a la propia UE (como durante la COVID-19, cuando algunas protestas dispersas les sirvieron para soñar con el colapso integral de la UE). Los medios prorrusos han dado cobertura a toda protesta aislada que se haya producido en Europa, señalando con entusiasmo los llamamientos a poner fin a las sanciones de la UE, lo que les ha permitido interpretar tales protestas como el sentimiento dominante en las sociedades occidentales. Se trata de uno de los clásicos del Kremlin: «las élites vs. el pueblo».

Además, sus medios francófonos subrayaron que la subida de los precios de la energía está motivando o reavivando las protestas de los chalecos amarillos. RT y otros medios publicaron artículos sobre el posible estallido de protestas en Alemania. Los comentaristas del régimen bielorruso afirmaron que las cadenas de suministro habituales han colapsado en Alemania y que la gente está recurriendo a la leña para calentar sus hogares.

Las brechas abiertas por Putin

Una de las estrategias de manipulación favoritas del Kremlin consiste en mostrar a determinados políticos o manifestantes europeos que piden el fin de las sanciones y en fingir que son representativos del estado de ánimo imperante en toda Europa. Putin trata de abrir una brecha entre los Estados miembros de la UE y los distintos grupos de consumidores al afirmar que Rusia está lista para reanudar sus exportaciones de gas a través del gasoducto Nord Stream 2, lo que sitúa a Rusia como un «socio energético fiable». Este doble rasero de la «fiabilidad» constituye un marcado contraste con la campaña de bombardeos que Rusia está desplegando, especialmente contra la infraestructura energética ucraniana.

Con amigos como estos…

No hay otro lugar donde el Kremlin intente usar el gas como un arma política de forma tan evidente como en sus países vecinos. Moldavia es un ejemplo de ello. Los medios pro-Kremlin publican artículos regularmente que afirman que Moldavia caerá en un «abismo» sin las importaciones energéticas rusas y que unirse a una plataforma común de adquisición de combustible de la UE derogará la soberanía moldava.

Nótese la descarada inversión de papeles: es Rusia, no la UE, quien trata de derogar la soberanía de Moldavia al presionar al país para que siga aceptando su gas. El Kremlin acusa a la UE de sus propias fechorías, a la vez que asegura proteger a Moldavia de la «poderosa y malvada UE». Con amigos como estos, ¿quién necesita enemigos?

Dentro de sus propias fronteras, una conspiración de silencio

Las narrativas sobre la crisis energética que se difunden dentro de las fronteras rusas no difieren demasiado de las dirigidas al público internacional. Tanto a nivel nacional como internacional, la regla no escrita sigue siendo la misma: pase lo que pase, la culpa es de Occidente. Hay que negar toda responsabilidad por las propias acciones de Rusia. Hay que presentar a Rusia como la víctima de las «presiones de Occidente».

Otra vuelta de tuerca en las narrativas afirma que los ciudadanos occidentales están sufriendo mucho más que sus homólogos rusos. Los testimonios tienden a exagerarse, mostrando a personas indignadas, incluidos pequeños empresarios y agricultores, por el importe de sus facturas energéticas, dando a entender que se trata del fin del orden social.

Mantener la calma

En EUvsDisinfo, ya hemos desmentido estas narrativas. Como ya se ha señalado, los paquetes de sanciones de la UE van dirigidos a Rusia debido a la agresión ilegal a Ucrania y la ocupación de sus territorios. La responsabilidad de la subida de precios, por lo tanto, no puede disociarse de las acciones rusas. Como se indica en un reciente estudio de la Universidad de Yale, «las sanciones están paralizando de forma catastrófica la economía rusa» en lugar de fortalecerla.

A pesar de las interrupciones del flujo de gas a través de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 debido a las acciones de sabotaje, Europa está preparada para este invierno. Asimismo, cabe mencionar que la invasión rusa de Ucrania ha desestabilizado otros productos esenciales, los mercados mundiales de alimentos y ha hecho subir los precios debido al aumento de los costes de producción, transporte, distribución y a la destrucción por parte de Rusia de las cosechas, el campo y las instalaciones portuarias ucranianas vitales para la exportación de los productos.

En lo que respecta a la acusación de que la UE no cuenta con alternativas al gas ruso, nos gustaría señalar que los países de la UE se han comprometido a diversificar sus suministros de energía y a reducir la demanda de gas en un 15 % este invierno. El almacenamiento subterráneo de gas de la UE supera actualmente el 91 % de su capacidad, muy por encima de la marca del 80 % que se había puesto con la fecha límite del 1 de noviembre.

En cuanto a la afirmación rusa de que las sanciones son impopulares y la ciudadanía exige la importación de gas ruso, cabe destacar que una encuesta del Eurobarómetro publicada el 6 de septiembre mostraba que el 86 % de los europeos encuestados quería reducir la dependencia de las fuentes de energía rusas, el 87 % quería que la UE invirtiera en energías renovables y el 78 % apoyaba las sanciones de la UE al gobierno, las empresas y los particulares rusos. En vista de las acciones de Rusia en estos últimos meses, especialmente sus horribles atrocidades, los múltiples bombardeos a civiles y los manifiestos intentos de destruir Ucrania, la opinión pública parece comprender el chantaje energético que está llevando a cabo el Kremlin. Y nada apunta a que esta percepción haya cambiado ni una pizca. ¡Mantengamos la calma!