Los expertos en desinformación del Kremlin buscan colocarse en el centro de atención para reciclar antiguas narrativas sobre la amenaza que representa Occidente para la seguridad y estabilidad mundiales, en un caso clásico de echar balones fuera y acusar a otros de las fechorías de Rusia.

Cada cierto tiempo, el ecosistema de desinformación y manipulación de la información pro-Kremlin necesita una inyección de nuevas narrativas de desinformación para alimentar la incesante verborrea de los propagandistas del Kremlin. Y, cuando no son exactamente nuevas, lo importante es que la cúpula dé luz verde a seguir reutilizando las mismas mentiras de siempre.

En este sentido, no hay nada como un buen discurso público del dueño y señor del Kremlin o de sus principales lacayos, a ser posible dirigido a la comunidad internacional, para reforzar bulos desinformativos ya conocidos y trazar las líneas maestras para que el aparato de manipulación de información del Kremlin los amplifique.

En las últimas semanas ha habido varios casos. Por ejemplo, el discurso que Putin dirigió desde su búnker al Consejo Mundial Popular de Rusia y el inexpresivo monólogo de Lavrov en la reunión de ministros de la OSCE. Echemos un vistazo a las señales de desinformación que contenían esos discursos y cómo estas resonaron en el ecosistema de desinformación del Kremlin en los días siguientes.

El monstruo de la desinformación del Dr. Frankenstein

Empecemos por el mal menor. La actuación de Lavrov ante la OSCE fue una verdadera amalgama de los «mejores clásicos» de la desinformación pro-Kremlin. Al igual que el personaje del Dr. Frankenstein en la novela gótica de Mary Shelley, Lavrov logró unir numerosos fragmentos, algunos muy dispares, de bulos de desinformación pro-Kremlin en un discurso cargado de negación, minimización, distracción y evasión de cualquier culpa.

Aunque Lavrov inició su discurso con lágrimas de cocodrilo por la «lamentable situación» en que se halla la organización, olvidó mencionar, de manera muy oportuna, que el veto de Rusia puso fin a la misión de la OSCE en Ucrania y que Rusia lleva desde 2021 bloqueando la aprobación del presupuesto anual de la organización. En su lugar, usó esta plataforma para dogmatizar largo y tendido sobre la «desestabilización que trae consigo la expansión de la OTAN», uno de los temas favoritos del Kremlin de los que quejarse.

Como era de esperar, se culpó a Occidente y a Ucrania de la guerra de Rusia, reproduciendo viejos bulos de desinformación sobre los Acuerdos de Minsk. En este contexto, Lavrov se refirió al absurdo ultimátum dado por Rusia en 2021 para desmantelar la OTAN como «una propuesta sobre garantías de seguridad jurídicamente vinculantes en Europa».

En su popurrí de discurso también se hizo eco de la queja permanente de que Occidente quiere destruir a Rusia, incidió en la narrativa pro-Kremlin sobre las sanciones de la UE, reprochó el supuesto intento de Washington de obtener la hegemonía y acusó a Occidente de tener una supuesta «doble moral» en materia de derechos humanos. Además, como es natural, ningún discurso ruso está completo sin lanzar acusaciones de nazismo contra cualquiera que se oponga a Rusia. Incluso si ese discurso se pronuncia ante una sala medio vacía.

Listos para la repetición por defecto

No es de extrañar que esta actuación recibiera una cálida acogida por parte de los propagadores de la desinformación pro-Kremlin. Algunos se sumaron a los fingidos lamentos por la situación de la OSCE y otros intentaron exagerar la importancia de la mera participación de Lavrov en la reunión, puesto que era su primera actuación en persona ante la OSCE desde febrero de 2022. Otros sí amplificaron el pesimismo de Lavrov y culparon a la UE y a la OTAN de llevar a la OSCE al borde del colapso. Curiosamente, algunos expertos en desinformación pro-Kremlin, posiblemente por despiste, intentaron presentar a la OSCE como el «brazo largo de la UE y la OTAN».

Como cabría esperar, los portavoces del Kremlin empezaron a hablar de la astucia de Occidente antes incluso de que comenzase la reunión, vomitando toda su bilis contra la negativa de Bulgaria de permitir que el avión de Lavrov atravesase su espacio aéreo y profiriendo insultos infantiles.

Poniendo palabras en la boca de un muerto

Otra de las partes de la actuación de Lavrov fue predicar los nobles compromisos de Rusia para con la seguridad europea e insinuar claramente su papel privilegiado y su derecho a ejercer su influencia sobre sus países vecinos. El 29 de noviembre falleció Henry Kissinger, un peso pesado indiscutible de la diplomacia estadounidense, y los expertos en desinformación pro-Kremlin no desperdiciaron la ocasión. De forma verdaderamente espantosa, intentaron poner palabras en boca de Kissinger, rescatando el concepto de «realismo» de dicho diplomático para promover el derecho del excepcionalismo ruso y lanzar la idea de que la única forma de avanzar es dialogando con Rusia.

Una cruzada contra la rusofobia

El otro discurso ejemplar para los proveedores de la desinformación pro-Kremlin proviene del mismo Putin. Además de promover también el excepcionalismo ruso, su mensaje principal, amplificado por el ecosistema de desinformación del Kremlin, era la absurda idea de que Rusia está «luchando por la libertad del mundo entero». Un mensaje un tanto extraño viniendo del régimen que inició la guerra más larga de Europa desde la Segunda Guerra Mundial con el único fin de saciar sus ambiciones imperialistas a costa de los países vecinos.

El otro tema dominante del discurso fue el de que la «rusofobia» está supuestamente calando en la población de Occidente, lo que les lleva a querer destruir al pueblo ruso. Los medios pro-Kremlin también hicieron mucho hincapié en el sentimiento colonial de Putin de que el «mundo ruso» no se limita a población de etnia rusa, sino que es el vehículo para luchar contra la supuesta «rusofobia».

Esos malditos nazis de los Países Bálticos

Días más tarde, durante una reunión del Consejo ruso de la Sociedad Civil y los Derechos Humanos, Putin tuvo otra ocasión de hablar de su cruzada contra la «rusofobia». Armado con «informes» del ministerio de Asuntos Exteriores ruso que tildan de nuevo a los Estados bálticos de nazis, Putin utilizó el Consejo para verter contra Letonia acusaciones infundadas de «rusofobia». Las autoridades lituanas rechazaron inmediatamente tales acusaciones injustificadas.

Y además de todo, Putin declaró sin inmutarse lo más mínimo que «Rusia no debe repetir las represiones masivas de la era soviética», mientras grupos de derechos humanos denuncian la existencia de cientos de prisioneros políticos en Rusia y pocos días después de que el Tribunal Supremo de Rusia aprobase una durísima ley contra las comunidades LGTBQI+ del país.

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