Los manipuladores de información pro-Kremlin han tenido, una vez más, una semana muy ajetreada. Aviones estrellándose en territorio ruso, países de la UE en los que su población ejercita comportamientos democráticos, algo inimaginable en el Kremlin, como la libertad de expresión y de reunión… La maquinaria desinformativa del régimen ruso ha sacado provecho de acontecimientos de la actualidad para sus propios objetivos retorcidos. Veamos cómo trataron de alterar la opinión pública de algunos de los acontecimientos que tuvieron lugar esta semana.

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, es el aluvión de falsedades del Kremlin!

El 24 de enero, un avión militar de transporte ruso IL-76 se estrelló en el Óblast ruso de Bélgorod, cerca de la frontera con Ucrania. Mientras Rusia hace caso omiso de los llamamientos a una investigación internacional objetiva, hay poca información certera sobre lo que le ocurrió al avión y lo que transportaba ese día. Desde luego, para los portavoces del Kremlin, los hechos y las pruebas nunca han sido un requisito previo a la hora divulgar sus engañosas afirmaciones.

Casi inmediatamente después de que se informara del accidente del IL-76, los canales pro-Kremlin empezaron a difundir la información de que el avión de carga transportaba prisioneros de guerra ucranianos que se dirigían a un intercambio de prisioneros preacordado con Ucrania. Esta información, que aún no ha sido probada, se utilizó rápidamente para denigrar Ucrania y acusarla de terrorismo. Después, el accidente aéreo fue utilizado para «probar» una narrativa especialmente desagradable, engendrada en los calabozos putrefactos donde nacen las mentiras del Kremlin: que al gobierno ucraniano no le importa su población y que no duda en sacrificarla como daño colateral. Nada nuevo. De hecho, hemos documentado cientos de intentos por parte del Kremlin de enfrentar al pueblo ucraniano con el «régimen de Kiev».

Momento de confundir

Tras haber preparado el terreno con todo tipo de distracciones, vilipendios y acusaciones, llegó el momento de abrir el grifo de mentiras del Kremlin para inundar la infoesfera. La desinformación del Kremlin siempre trata de confundir a la opinión pública y, para conseguirlo, no hay nada más efectivo que difundir una gran cantidad de narrativas, a menudo contradictorias. Por ejemplo, una de ellas afirmaba que el accidente del IL-76 es una provocación de los militares ucranianos, muy parecida al derribo del vuelo civil MH-17 malayo en 2014.

Y cuanto más tiempo pasa, más inverosímiles se vuelven las historias del Kremlin, como por ejemplo la que cuenta que la ONU está preparando una «justificación al estilo de Bucha» para demonizar a Rusia o la que insinúa que las tropas de la OTAN atacaron a Rusia y derribaron el avión. Y, si la culpable no es la OTAN, seguro que es EE. UU., Alemania o el Reino Unido. Puede que la afirmación más descabellada sea esta: que Ucrania derribó el IL-76 para evitar que los prisioneros de guerra ucranianos explicaran al mundo lo bien que les había tratado Rusia.

Hacer girar la rueda de mentiras

El enfoque que la maquinaria de desinformación del Kremlin ha dado al incidente del IL-76 es un ejemplo de manual casi perfecto de cómo manipular la información. Primero, negar toda culpa y llenar el vacío informativo inicial con afirmaciones plausibles pero un tanto engañosas. Segundo, esperar a que amplificadores involuntarios den legitimidad a las narrativas, proyectar en otros tus propias fechorías y culpar al adversario. Finalmente, inundar el espacio informativo con una cacofonía de voces destinada a confundir la percepción y oscurecer la verdad.

¿Cómo sabemos qué ha pasado? Es muy fácil. Esta no es la primera vez que vemos cómo los divulgadores de desinformación pro-Kremlin hacen girar esta manipuladora rueda de mentiras. Fuimos especialmente testigos de ello en la cobertura que se hizo desde las esferas pro-Kremlin del derribo del MH17, una rueda de mentiras que ha seguido girando durante años. Las comparaciones con el MH17 son especialmente cínicas, ya que la culpabilidad de Rusia por la muerte de las 298 personas inocentes a bordo de ese vuelo ha quedado demostrada más allá de toda duda razonable. Entre otros ejemplos se incluyen el señalar con el dedo a otros y difundir falsedades sobre el sabotaje de los gasoductos del Nord Stream, la destrucción de la presa de Kajovka o el bombardeo de una prisión en Olenivka.

¿Qué nos deparan los tractores?

El otro gran tema en el punto de mira de la desinformación del Kremlin esta semana han sido las protestas de los agricultores europeos que están teniendo lugar en Alemania, Francia, Italia, Bélgica y otros países. Los expertos pro-Kremlin parecían alegrarse de esta expresión esencial de las libertades democráticas consagradas en los valores comunes que unen a la comunidad europea. Se dedicaron a vaticinar la división y el colapso económico de la UE, sin tener en cuenta que, en las sociedades democráticas, todo este tipo de acciones ciudadanas, como la libertad de manifestación, son más bien un signo de fortaleza que de debilidad. Por eso, el Kremlin se siente obligado a ridiculizar tales manifestaciones calificándolas de «guerras de tractores».

Aun así, el Kremlin consideró que el tema era lo suficientemente jugoso como para difundir dos principales narrativas de desinformación al respecto. En primer lugar, los propagadores de desinformación trataron principalmente de exacerbar la percepción de divisiones entre la ciudadanía y lo que el Kremlin tacha erróneamente de las «élites de Bruselas». Algunos medios pro-Kremlin también confiaban en que se produjera un estallido de violencia y vaticinaron que las protestas en curso supondrían el fin de la UE, que comenzaría con el «asedio a París».

La narrativa del colapso de la UE es todo un clásico. Los portavoces del Kremlin pronostican con bastante frecuencia la caída del proyecto europeo. Durante la pandemia de la COVID-19, Moscú vaticinó el colapso inminente de la UE debido a la supuesta incapacidad de esta para tomar medidas sanitarias. Resultó no ser así. En el invierno 2022-23, se suponía que el colapso se produciría por la subida de los precios de la energía, la inflación y la crisis económica generalizada.

¡Es culpa de Ucrania, obviamente!

Para los agentes de la desinformación del Kremlin, todos los caminos llevan sistemáticamente a Ucrania. Y, como no podía ser de otra manera, este es también el caso en las protestas de los agricultores en Europa. ¿Se pregunta quién es el culpable de la situación? El Kremlin tiene una respuesta rotunda: ¡el avaricioso Zelenski! Según el reconocido propagandista ruso Dmitry Kiselev, la Comisión Europea está confabulando con Ucrania para inundar el mercado de la UE con productos baratos y mitigar así el daño que supuestamente se ha autoinfligido la UE con las sanciones que ha impuesto a Rusia. Por supuesto, esta narrativa de desinformación se amplificó rápidamente desde las cuentas diplomáticas rusas.

Otros casos detectados en el radar de EUvsDisinfo:

  • A los agentes de la desinformación del Kremlin les encanta señalar a otros para así desviar la atención de los problemas de Rusia. Así pues, no es de extrañar que ahora que se acerca el teatro de las «elecciones» rusas, miren hacia otro lado y pongan en entredicho la democracia de Ucrania con ridículas afirmaciones como la que reza que el presidente Zelenski ha suspendido las elecciones y ha usurpado el poder en Ucrania. Este es un clásico caso de proyección. Según lo estipulado en la Constitución de Ucrania, está prohibida la celebración de elecciones a organismos gubernamentales en tiempo de guerra. El artículo 83 prohíbe explícitamente celebrar elecciones a los órganos legislativos en estas condiciones, mientras que el artículo 157 estipula que «la Constitución de Ucrania no se puede modificar bajo la ley marcial o el estado de excepción». Así pues, el presidente Zelenski se atiene a la Constitución, tal y como se espera en cualquier país regido por el Estado de derecho.
  • Utilizar el victimismo como arma es, desde hace tiempo, una de las tácticas de manipulación favoritas del Kremlin para ir construyendo la mentalidad de estado de sitio, que permite al Kremlin controlar a su población. Para conseguirlo, lo mejor es advertir constantemente de que se avecina una inminente guerra apocalíptica con Occidente y no desaprovechar ninguna oportunidad. Un buen ejemplo es el de afirmar que las maniobras Steadfast Defender 2024 de la OTAN constituyen una guerra híbrida de Occidente contra Rusia. Esto es un completo disparate, ya que la OTAN es una alianza defensiva cuyos principales objetivos son mantener la paz y salvaguardar la independencia, la seguridad y la integridad territorial de sus miembros. Steadfast Defender 2024 son unas maniobras de la OTAN que sirven para ensayar la respuesta a una hipotética agresión de la Federación Rusa contra un país miembro, lo que activaría el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. Se trata de una respuesta defensiva más que razonable si tenemos en cuenta que Rusia lanzó una invasión no provocada a gran escala contra su vecina Ucrania, donde lleva casi dos años librando una guerra brutal.
  • Y, hablando de Rusia, que busca «enemigos» que intenten «cercarla», el Kremlin parece tener una obsesión enfermiza con los «anglosajones», quienes aparentemente siempre están tramando alguna retorcida fechoría. Ahora, según los portavoces de la desinformación del Kremlin, el Servicio Secreto de Inteligencia del Reino Unido (MI6) entrena a saboteadores ucranianos para que ataquen centrales nucleares rusas. Esta narrativa paranoica se enmarca en la mentalidad de estado de sitio que hemos descrito anteriormente y tan siquiera se molestan en dar ninguna prueba que sustente unas afirmaciones tan escandalosas. De hecho, aludir al temor a una catástrofe nuclear es una táctica de alarmismo cuidadosamente elegida, que constituye un elemento fundamental de la retórica nuclear del Kremlin. Desde hace varios años, las figuras públicas de la infoesfera rusa, como Dmitry Kiselev o el ya fallecido Vladímir Zhirinovski se han valido de las amenazas nucleares para intimidar a Occidente. Desde comienzos de 2022 y de la invasión a gran escala, varios altos cargos rusos han hecho declaraciones de este tipo, entre ellos Dmitri Medvédev, Ramzán Kadírov, Margarita Simonián e incluso Vladimir Putin, quien especificó que no iban de farol.