El espacio público en Bielorrusia está fuertemente controlado y los derechos humanos se siguen vulnerando. Hemos informado previamente de la represión a gran escala contra periodistas, organizaciones de la sociedad civil y la población bielorrusa aquí, aquí y aquí.
Según el reciente informe de la organización de defensa de los derechos humanos Viasna, al menos 6 386 personas se enfrentaron a persecuciones administrativas por motivos políticos en 2023, de las cuales casi 4 500 fueron finalmente condenadas en procedimientos administrativos. A 31 de diciembre de 2023, Bielorrusia mantenía al menos 1 452 presos políticos encarcelados en condiciones especialmente duras.
Y más recientemente, según Viasna, más de 200 personas fueron perseguidas durante los días 23 y 24 de enero de 2024, cuando agentes de la KGB y otros funcionarios policiales del Ministerio del Interior llevaron a cabo registros, interrogatorios y detenciones en masa de antiguos presos políticos y sus familiares en todo el país. Evidentemente, se trató de una gran campaña de intimidación orquestada para sembrar miedo.
De entre los cientos de casos de persecución, hay algunos que destacan por su ridiculez. El despropósito de algunos de los procesos judiciales es tal que, en ocasiones, las organizaciones de defensa de los derechos humanos incluyen secciones especiales sobre ellos en sus informes. Ya hemos hablado anteriormente de las disparatadas medidas de represalia del Estado bielorruso aquí y aquí.
Sanciones por colores «extremistas»
Continúa la persecución de personas que, consciente o accidentalmente, utilizan los «colores extremistas» de la ilegalizada bandera roja y blanca bielorrusa. En uno de nuestros anteriores artículos informamos sobre personas encarceladas o multadas en Bielorrusia por llevar calcetines con motivos rojos y blancos, colgar toallas y mantas rojas y blancas a secar en el balcón de su domicilio o hacer un muñeco de nieve con una bufanda roja en el patio de su casa.
Esta absurda paranoia todavía sigue a la orden del día. En octubre de 2023, un anciano cazador fue condenado por llevar un parche blanco, rojo y blanco en su chaqueta. Según el procedimiento judicial, el hombre estaba cazando animales salvajes en el bosque durante una mañana cuando «realizó un piquete [una manifestación unipersonal] mediante símbolos de protesta, a saber, un emblema de una bandera blanca, roja y blanca en la manga derecha de su chaqueta». El tribunal le impuso una multa de 1 480 rublos bielorrusos, unos 500 euros. Este importe asciende aproximadamente a un salario mensual normal.
Semanas después, medios de comunicación independientes informaron de un caso similar, según los datos públicos de sentencias judiciales. Una mujer embarazada fue juzgada en un tribunal de Minsk por utilizar un paraguas blanco y rojo cuando llovía. Esto, según el tribunal, equivalía a una «expresión pública de sus opiniones políticas, ya que caminaba con un paraguas de color blanco, rojo y blanco y lo mostraba a los demás ciudadanos». La mujer fue declarada culpable de «piquete no autorizado» y multada con 500 euros, mientras que el paraguas fue confiscado y destruido.
«Material extremista»: compruebe sus estanterías
Los poemas de un escritor del siglo XIX son considerados «extremistas»
En agosto de 2023, dos poemas del escritor bielorruso del siglo XIX Vintsent Dunin-Martsinkyevich fueron incluidos en una lista negra de «extremismo». Escritos en la década de 1860 en bielorruso, los poemas llamaban a la población bielorrusa a no confiar en el imperio zarista ruso. Meses después, los tribunales bielorrusos también añadieron otras obras de Dunin-Martsinkyevich a la «lista de material extremista». En la práctica, esta decisión pone en peligro a muchos ciudadanos que conservan volúmenes de obras clásicas bielorrusas en sus casas.
Sin embargo, los libros «extremistas» solo representan una parte del problema. A 9 de febrero de 2024, la «Lista de material extremista» de las autoridades asciende a 890 páginas.
Según esta otra noticia, una persona fue detenida durante 10 días por guardar una pegatina con un emblema histórico prohibido en un libro religioso que guardaba en su casa particular. La decisión judicial cuestionaba la privacidad de la casa argumentando que el hombre infringió la ley al haber guardado «en un libro de acceso público que se encontraba en un lugar de acceso público para un círculo ilimitado de personas, una pegatina de un jinete con una espada y un escudo, la cual ha sido añadida a la lista nacional de material extremista». Los tribunales consideran ahora que los domicilios particulares son «lugares públicos». Esto puede llegar a tener consecuencias muy graves, como ilustran los informes que comentamos a continuación.
«Jornadas de informativas» = Adoctrinamiento
Según informó el medio bielorruso Radio Libertad, muchas de las reuniones celebradas en diciembre de 2023 entre ideólogos del Estado y trabajadores del sector público, llamadas jornadas informativas, estuvieron relacionadas con la «lucha contra el extremismo». Los ideólogos afirmaron que solo en la región meridional de Homiel se produjeron más de 900 casos de «proliferación de materiales extremistas» entre enero y noviembre de 2023.
También instaron a los asistentes a mantenerse alejados de artículos y fuentes de información «extremistas», una tarea que no resulta tan fácil como pueda parecer, dado que algunos libros considerados «extremistas», como los que recogen los poemas de Dunin-Martsinkyevich, se han impreso a millares y figuran en las bibliotecas personales de decenas, si no cientos, de miles de hogares bielorrusos.
Los ciudadanos de mediana y avanzada edad puede que recuerden como, en los tiempos de la Unión Soviética, la historia se «corregía» de forma rutinaria. Un ejemplo grotesco de esto era cuando las personas con suscripciones literarias recibían páginas recién impresas de libros que ya tenían en sus casas, por ejemplo enciclopedias, para que las pegasen sobre las páginas originales cuando el contenido había entrado en conflicto con la ideología política imperante. Un ejemplo notorio es el de las entradas de la Gran Enciclopedia Soviética acerca del jefe de la policía secreta NKVD de Stalin, Lavrenti Beria, quien tras la muerte de Stalin en 1953 cayó del poder y fue ejecutado por los nuevos dirigentes del Partido Comunista. Las autoridades soviéticas enviaron a los millones de propietarios de enciclopedias unas páginas con un largo texto sobre el estrecho de Bering con las que debían tapar las largas entradas originales en las que se elogiaba a Beria. Y… ¡tachán! Así Beria desaparecía de la enciclopedia.
Represalias antiucranianas
Si bien es habitual que en Bielorrusia se produzcan detenciones administrativas por pequeñas muestras de solidaridad con Ucrania, decenas de personas han sido condenadas a varios años de prisión por participar en actividades en contra de la guerra. Según se desprende en esta noticia, una persona fue detenida durante siete días por cantar el himno nacional de Ucrania en un karaoke, mientras que en un caso más reciente, otro ciudadano fue condenado a 15 días de prisión por llamar a la policía y decir «Gloria a Ucrania».
Partidarios del régimen, entre las víctimas de las prácticas «antiextremistas»
En la Bielorrusia de hoy en día, comentar, compartir o poner «me gusta» en contenidos de fuentes «extremistas» puede considerarse un acto de «proliferación de materiales extremistas». E incluso seguir una cuenta en redes sociales marcada como «extremista» puede resultar en una detención o multa administrativa. Dado que la lista de sitios web y de cuentas de redes sociales «extremistas» tiene actualmente cientos de páginas y se amplía con regularidad, es prácticamente imposible que los usuarios de Internet corrientes lleguen a conocer todas esas fuentes prohibidas. Puede que algunos simplemente se hayan olvidado de los «me gusta» que pusieron en su día en alguna de sus cuentas personales en redes sociales que quizá ya no utilicen de forma habitual, mientras que, para otros, estos «me gusta» ni siquiera fueran intencionados.
Según informan varios activistas defensores de los derechos humanos, cada vez son más los casos en los que incluso funcionarios estatales y partidarios del régimen de Lukashenko se han convertido en víctimas de estas amplias y duras normas «antiextremistas». En diciembre de 2023, un alto cargo del Ayuntamiento de Zhlobin fue juzgado por dar «me gusta» a una publicación de una cuenta de Instagram que se encontraba en la lista de «extremistas». Este funcionario, responsable de la Concejalía de Deportes, declaró ante el tribunal que había dado «me gusta» al contenido de forma totalmente inintencionada cuando se encontraba revisando las cuentas en redes sociales de atletas y de sus subordinados. Esta explicación no le valió a Akhremenka para evitar que le arrestaran durante 15 días, que le confiscaran el teléfono móvil y, finalmente, que lo despidieran del trabajo.
Una «fina línea» que impida a las personas chatear en línea
Un reportaje emitido en diciembre de 2023 por el canal de televisión estatal Belarus 1 instaba a los telespectadores a pensárselo dos veces antes de unirse a grupos y chats en línea, especialmente en Telegram. Se argumentaba que estos «podían estar coordinados [secretamente] por servicios especiales occidentales y canales de información destructivos». La reportera de la televisión estatal aconsejaba lo siguiente: «¿Cómo puede evitar convertirse en marioneta de los estratagemas de otros? La única decisión correcta es la de negarse por completo a formar parte de ello. En la mayoría de los casos, la gestión de estas comunidades [en línea] está controlada por agencias especiales extranjeras y grupos malintencionados cuyo objetivo es desestabilizar la situación».
Según esta reportera, solamente es una «fina línea» la que separa una comunidad de Internet inofensiva de un grupo extremista. El régimen bielorruso parece haber difuminado esta línea de forma intencionada en un intento de que la ciudadanía se distancie de cualquier fuente de información distinta de aquellas pocas que están explícitamente controladas por el Estado.
La autocensura y las autorrestricciones son herramientas poderosas cuando la población las interioriza, de ahí que las autoridades bielorrusas pongan todo su empeño en conseguir que su población las aplique.