Esta semana, el Kremlin ha clavado su mirada hostil sobre Avdíivka, un terreno devastado cuya captura se ha elogiado como si representase un avance militar importante. Mientras tanto, la precipitada muerte de Alekséi Navalni, un destacado opositor y crítico del Kremlin desde hace muchos años que había sido injustamente encarcelado en un campo de exterminio ruso, mereció únicamente una mirada somera y la etiqueta de teoría conspirativa. Si en los canales del Kremlin escasearon los detalles sobre la muerte de Navalni, lo que parece haberse omitido total y deliberadamente del repertorio de desinformación del Kremlin de esta semana es el hecho de que el 24 de febrero se cumplieran dos años desde que Rusia lanzase su invasión a gran escala de Ucrania.

Una victoria pírrica en Avdíivka

El 17 de febrero, Ucrania anunció la retirada de sus tropas de la ciudad de Avdíivka para evitar que fuesen cercadas. En consecuencia, reclutas rusos recién movilizados tomaron lo que quedaba de la ciudad. Tras meses de intensos combates caracterizados por el uso indiscriminado de artillería por parte de Rusia, la poca infraestructura civil que quedaba había sido arrasada. Los expertos en desinformación pro-Kremlin se regodearon en esta conquista con una alegría enfermiza.

Desde la destrucción de Bajmut no había habido muchas buenas noticias del frente que llevar al zar. Pero esto ha dado pie a que se hagan descarados alardes de esta victoria pírrica. Los portavoces del Kremlin se apresuraron a mofarse de la «cobardía» de Ucrania, difundir historias sobre una «retirada conflictiva» o poner el foco en el «pánico que experimenta Occidente» por la «pérdida de Avdíivka por parte de Ucrania». El hecho más que desafortunado de que la «toma de Avdíivka» le haya costado a Moscú más vidas que la invasión soviética de Afganistán no parece importar.

El coste de la victoria no es cosa del zar

Puede que, después de todo, Moscú haya sido mínimamente consciente del elevadísimo número de bajas que se ha ocasionado a sí misma. El júbilo inicial pronto se vio reemplazado por la necesidad de una explicación. Así pues, los medios pro-Kremlin, tras rebuscar en su sucia chistera de desinformación, vertieron acusaciones de que Ucrania es un Estado terrorista. Veamos en más detalle esta detestable lógica. A ojos del Kremlin, las numerosas pérdidas militares sufridas por Rusia en Avdíivka se explican por la necesidad de proteger el Dombás de los ataques terroristas ucranianos. Aparentemente, solo hacía falta avanzar nueve kilómetros para conseguir esta noble meta de salvar vidas humanas.

Pues bien, puede que estas ambiciones no fueran tan nobles después de todo, puesto que, solo unos días más tarde, los mismos medios de desinformación pro-Kremlin empezaron a fanfarronear sobre las «valiosas lecciones aprendidas» y sobre cómo Avdíivka es solo el comienzo de un nuevo embate de Rusia. Al parecer, lo que han aprendido es a seguir lanzando a su propia gente a una trituradora de carne para saciar su sed imperialista. No obstante, como el zar no va a asumir los costes que ha supuesto esta victoria, los portavoces del Kremlin siguen ovacionándola.

La influencia expansiva del Kremlin

Ahora bien, si para Putin Avdíivka era la niña de sus ojos, Alekséi Navalni ha sido siempre una espina clavada en su carne. Aunque, desafortunadamente, no haya sido nada más que una espinita. Tras haber intentado envenenarlo, haberlo encarcelado bajo falsos cargos de «extremismo», haberlo sometido en repetidas ocasiones a unas condiciones deplorables y a régimen de aislamiento, haberle denegado la atención médica y finalmente haberle trasladado a una de las colonias penitenciarias más mortíferas del ártico ruso, al dueño y señor del Kremlin solo le faltó apretar personalmente el gatillo que puso fin a su vida.

Cuando se conoció la noticia de su prematuro fallecimiento a manos de sus captores, la comunidad internacional respondió con indignación, tristeza y una condena inequívoca de los hechos. El ecosistema de desinformación pro-Kremlin, por su parte, tenía una visión muy distinta de dicha muerte. Puesto que apenas había datos oficiales sobre las circunstancias en que se había producido, los canales pro-Kremlin decidieron llenar el vacío reflexionando sobre las «inaceptables declaraciones de Occidente» al respecto o restando importancia a los homenajes póstumos que se rindieron en distintas partes de Rusia.

Las conspiraciones dejan un mejor sabor de boca que los hechos

Y entonces, siguiendo estrictamente el manual de desinformación del Kremlin, aparecen las teorías conspirativas. La primera oleada de conspiraciones llegó con la vieja técnica de distracción cui bono, que consiste en plantear la pregunta supuestamente inocente de a quién beneficiaría la muerte de Navalni. Los propagadores de la desinformación del Kremlin ya tenían preparada la repuesta: a Occidente.

Después, desde lo más profundo de las cloacas de la conspiración, los propagadores de desinformación pro-Kremlin empezaron a producir teorías más imaginativas. Sostuvieron que Occidente había convencido a Navalni para que volviese a Rusia y organizase un Maidán, promovieron la idea de que la muerte de Navalni fue un complot para crear una campaña contra Putin y afirmaron sin evidencia alguna que Navalni podría haber muerto por una vacuna alemana contra la COVID-19. Puede que estas historias parezcan descabelladas, pero están diseñadas a conciencia para desviar la atención del simple hecho de que Putin tenía la vida de Navalni en sus manos. Poco importa a estas alturas si se puso fin a su vida de forma intencionada o por inacción deliberada.

No hay 24 de febrero

La maquinaria de desinformación del Kremlin parece haber encontrado consuelo, una vez más, en el ensordecedor silencio. No solo ha mantenido la boca cerrada sobre las circunstancias en torno a la muerte de Navalni, sino también sobre la fecha que todos teníamos en mente esta semana, el 24 de febrero, el segundo aniversario del inicio de la invasión rusa a gran escala de Ucrania. En los medios del Kremlin, sobre este tema solo pudo oírse, en sentido figurado, el canto de los grillos.

Quizás el relativo silencio del Kremlin no sea tan raro después de todo. El silencio puede ser una herramienta de manipulación y represión. La reciente decisión de Rusia de calificar de «organización indeseable» a Radio Europa Libre/Radio Libertad es otro lamentable ejemplo de los intentos del Kremlin por sofocar las voces críticas y distorsionar nuestra memoria colectiva.

Ucrania y sus aliados de todo el mundo honran a los héroes caídos luchando por la libertad y la dignidad. Pero para el Kremlin, este segundo aniversario es un recordatorio demasiado incómodo de hasta qué punto Putin ha arrastrado a Rusia al callejón sin salida de la guerra. Después de todo, una vez que has prometido a las masas realizar una «operación militar especial de tres días», es difícil reconciliar esa mentira con la realidad de los dos años de guerra. Para nosotros, sin embargo, está más claro que el agua. No importa cuántos mitos más intente construir el Kremlin. No nos dejaremos engañar por las mentiras y la desinformación de Rusia sobre su guerra contra Ucrania.

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