El 24 de febrero fue un día sombrío en el que se cumplieron dos años del inicio de la guerra de agresión a gran escala de Rusia contra Ucrania. Una guerra que también se ha librado mediante una campaña virtual e híbrida cargada de desinformación y manipulación.
10 años de negación y silencio selectivo
En realidad, no son solo dos años. La campaña urdida por Moscú comenzó hace diez, a finales de febrero de 2014. Por aquel entonces, un grupo de «hombrecillos de verde», vestidos de uniforme militar y sin insignias identificativas, tomaron tierra por aire y por mar en la península de Crimea. La anexión fue rápida, al estilo dictatorial: se celebraron «elecciones» locales a punta de pistola, un «Parlamento» secuestrado en Sebastopol pidió la unificación con Rusia y el Parlamento ruso dio el visto bueno a todo el embrollo desde Moscú. Este proceso constitucional de grandes repercusiones ocurrió en menos de 20 días. A día de hoy, expertos en desinformación y voces pro-Kremlin siguen empecinados en describir aquella toma del poder como un espléndido proceso democrático bien meditado. Nuestra base de datos contiene más de 2 200 ejemplos de desinformación con Crimea como principal protagonista.
Luego, en la primavera de 2014, el Dombás empezó a ser escenario de enfrentamientos militares. Para cuando hubo llegado el verano, todo el mundo sabía que era Rusia la que movía los hilos. Sin embargo, Moscú jugaba a la negación y al silencio selectivo.
Los hechos de este pasado sábado 24 de febrero guardan un fuerte parecido con aquellos. Los medios estatales rusos entretuvieron a los telespectadores con reportajes sobre la visita del ministro de Defensa Serguéi Shoigú a algunas unidades militares e imágenes de prisioneros de guerra ucranianos forzados a ir en marcha, hablaron del fallecimiento de un juez del Tribunal Supremo de Rusia y, cómo no, dieron una extensa cobertura a las manifestaciones de los agricultores en Francia, con fuertes insinuaciones de que una maldición pesa sobre París. Los medios estatales rusos crean una realidad paralela, una especie de burbuja informativa, en la que solo se muestran los supuestos e incontables logros de sus fuerzas militares y donde no se dice nada de las pérdidas, como las recientemente sufridas en aeronaves. Es más, informar de los fracasos de Rusia en la guerra constituye un delito.
Como comentábamos la semana pasada, la muerte de Alekséi Navalni sigue esta misma pauta. Las noticias sobre el tema escasean o son muy breves. A continuación se contamina el discurso y se completa la narrativa con teorías conspirativas que afirman que la causa de su muerte fueron las vacunas occidentales contra la COVID.
Rumbo a las elecciones: represión de los defensores de los derechos humanos
El 17 de marzo, Putin será coronado como «presidente» durante una nueva legislatura. Las autoridades rusas están haciendo todo lo posible por controlar el espacio informativo y presentar su coronación como un éxito rotundo. Silenciar voces críticas como las de los medios independientes y los defensores de derechos humanos es algo rutinario; no obstante, esta semana la libertad de expresión ha sufrido un nuevo golpe: Oleg Orlov, el presidente de la organización de derechos humanos Memorial, ha sido condenado en Moscú a dos años y medio de prisión en un juicio con trasfondo político. Su supuesto «delito» ha sido el de «desprestigiar repetidamente» al ejército ruso. No obstante, su verdadero delito es el de criticar al Kremlin y su guerra.
Memorial es la organización de derechos humanos de mayor trayectoria en Rusia. Su origen se remonta a finales de la década de los 80, durante los últimos días de la Unión Soviética. En 2022 fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz. En sus últimas palabras ante el tribunal, Orlov pronunció un poderoso discurso que puso en jaque la hipocresía y la deriva kafkiana de la Rusia actual. Desde este medio hemos seguidos los sistemáticos intentos del Kremlin por silenciar a Memorial y a su organización, como puede consultar aquí y aquí.
El caso de Orlov es el último de una escalada de represión que en determinados aspectos supera la empleada en la época soviética. Los periodistas de investigación de Project Media han documentado hace poco que el número de personas condenadas por «extremismo» o por criticar a las autoridades supera el de las condenadas por actividades «antisoviéticas» bajo el mando de Jruschov o Brézhnev. Hasta ahora asciende a 5 613 personas.

Una semana después de la muerte de Navalni, este dato nos envía la inconfundible señal de que Putin no tolera ningún cuestionamiento a su sistema. Todo debate, flexibilidad o negociación están de más.
Mientras tanto, «elecciones» parlamentarias en Bielorrusia
Bielorrusia sufre una represión similar. El 25 de febrero, durante la celebración de las «elecciones» parlamentarias, las autoridades bielorrusas difamaron todo acto o persona contrarios a Minsk. Estos son algunos ejemplos: la oposición bielorrusa planea tomar el poder de una parte de Bielorrusia con la ayuda de la OTAN y Occidente se prepara para una operación militar contra Bielorrusia. Lukashenko también pregonó que EE. UU y Polonia están preparando una provocación a gran escala similar a la de Hitler en 1939.
La OTAN invade…
En este medio hemos documentado cómo el mito que propugna que «Rusia está rodeada de enemigos» (mito n.º 5) está siendo importante para el Kremlin a la hora de movilizar a la sociedad rusa contra Occidente. Esta narrativa sumamente manipulada etiqueta a todo enemigo de «nazi» y funciona como un muelle; es decir, a la mínima, salta. Revela una hipersensibilidad extrema, que se nutre de la creencia de que Ucrania y, posiblemente, otras zonas del antiguo imperio ruso siguen perteneciendo a Rusia.
En el meollo de todo este asunto está la simple idea de que Ucrania pueda ser asistida por tropas extranjeras, lo que a ojos del Kremlin equivaldría a una declaración de guerra contra Rusia. El Kremlin volvió a reaccionar en esta línea hace unos días, después de que el presidente francés Emmanuel Macron expresase, en la conferencia celebrada en París para recabar apoyos en favor de Ucrania, que «no se puede descartar nada».
Amenazas nucleares (otra vez)
El Kremlin está obsesionado con la idea de que Rusia no solo está ejecutando una «operación especial» en Ucrania, sino que también está librando una guerra más amplia contra todo Occidente. Peskov inició el ataque anunciando que la posibilidad de que haya tropas [de la OTAN] en territorio ucraniano conllevaría la «inevitabilidad de un conflicto» entre Rusia y la organización atlántica. Los expertos pro-Kremlin corearon estas palabras en prácticamente todas las plataformas con una intensidad que hasta sorprendió.
Y aquí llegamos al fondo de la cuestión: la retórica de Moscú está pensada para arrastrar a la opinión pública occidental a la pasividad y al derrotismo a base de miedo y amenazas rimbombantes como las de la mañana del 24 de febrero de 2022. Su mensaje fue claro: no interfiráis o recurriremos a armas nucleares. Sin embargo, la ayuda financiera y militar no tardó en llegar, así como tampoco se hicieron esperar las pruebas de que Rusia estaba cometiendo atrocidades.

También bajo nuestro radar de desinformación esta semana:
- Kiev es una ciudad rusa. No, no lo es. A estas alturas debería ser obvio. No obstante, no lo es para Dmitri Medvédev, expresidente ruso y actual presidente adjunto del Consejo de Seguridad ruso, a quien le gusta con frecuencia hacer alarde del potencial nuclear de Rusia. La semana pasada, Medvédev manifestó que Kiev era el epicentro del mal, que estaba controlada por fuerzas exteriores (entiéndase Washington y otros anglosajones) y que representa una «amenaza existencial» para Rusia. Así pues, la guerra se ha convertido en una necesidad para Rusia. ¡Le damos la bienvenida a la mesa de negociación con la verdad por delante!
- Stoltenberg confirma que la OTAN busca un enfrentamiento con Rusia. Muchos medios pro-Kremlin experimentaron una extraña alegría al difundir este mensaje, como si le hubieran encontrado por fin un propósito a su vida. Qué pena que tengamos que decepcionarlos. La OTAN es un pacto de defensa entre 31 estados soberanos, pronto 32 tras la entrada de Suecia, y durante décadas ha fomentado la paz y la estabilidad. Pedimos amablemente a los sensatos analistas de Moscú que presten atención a la verdadera naturaleza del debate sobre la seguridad europea y nos indiquen dónde ven exactamente a las fuerzas navales de las distintas divisiones preparadas para atacar Rusia desde Europa.
- Kiev trabaja para provocar militarmente a Transnistria. La paranoia es un elemento básico de gran parte de la desinformación y la manipulación. Alimentar el miedo, sobre todo si es con historias sobre ataques inminentes con armas químicas, genera audiencia. Manifestar que los líderes de Ucrania y Moldavia tienen interés en crear otro conflicto es ir contra la lógica, la razón y la realidad. El objetivo que cumple este oportuno ruido desinformativo es generar atención en torno al llamado Congreso de Transnistria, en el que Moscú intenta causar problemas. En Tiraspol, grupos exaltados piden la «unificación con Rusia» y sueñan con recibir la ayuda de agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia o su Agencia de Inteligencia Militar Exterior (GRU). El grupo de separatistas acaba de solicitar a Rusia «protección», dicho de una manera más dulce. ¿Has podido identificar la pauta? Piensa en Crimea, Lugansk y Donetsk.
La próxima semana: el boletín Disinformation Review hará una pausa el día 7 de marzo, pero puede seguir todos nuestros otros artículos y productos en X (antiguo Twitter), Facebook e Instagram. Asimismo, puede consultar los ejemplos de desinformación y manipulación más recientes en nuestra base de datos. ¡Esperamos verle de nuevo en el próximo número de nuestro boletín, el día 14 de marzo!