Mucho se ha dicho y publicado ya sobre las llamadas «elecciones» presidenciales rusas celebradas entre el 15 y el 17 de marzo. No hubo sorpresas y la reacción de la UE y otros países fue condenar sin reservas que el resultado estuviera decidido de antemano. La coronación de Putin está prevista para el 7 de mayo, una fecha convenientemente cercana a la efeméride del 9 de mayo.

Una cosa es decir que la victoria se ha obtenido con el 87,28 % de los votos y otra muy distinta afirmar que la cifra de participación del 77,44 % es la más alta de la historia. Dada la apatía política que afecta a amplios sectores de la sociedad rusa, estos números indican con probabilidad que estamos ante un nuevo nivel de manipulación electoral. El vocablo ruso vranye (враньё) recoge la esencia de esta idea: todo el mundo sabe que mientes, pero a nadie le preocupa demasiado.

¡Ave, César!

En el espacio informativo pro-Kremlin, los elogios al líder han alcanzado su máximo esplendor y están cada vez más cerca de convertirse en un culto a la personalidad. Algunos ejemplos permiten ilustrar esta tendencia en el discurso público.

Valery Fedorov, director de la empresa de encuestas afiliada al Kremlin VTsIOM, consideró las elecciones como «una consolidación de los votantes» y de la «supermayoría de Putin». En Moskovskiy Komsomolets, el medio propagandista del Kremlin con la mayor tirada impresa, se podía leer que «incluso la oposición radical y completamente antisistema reconoce la legitimidad de las elecciones, sino en palabras, sí en los hechos, [pues] han demostrado una consolidación de la sociedad sin precedentes […] Putin ha recibido una gigantesca muestra de confianza que le otorga el derecho absoluto a emprender cualquier tipo de acción, iniciativa y estrategia políticas, tanto dentro como fuera del país».

Si eres un hombre desempleado, estás en edad militar y vives en una provincia perteneciente a una etnia distinta a la rusa y donde haya una movilización activa, es el momento de recitar el saludo de los gladiadores romanos: Ave Caesar, morituri te salutant, o «Ave, César, quienes van a morir te saludan».

Qué revelan los números

Las cifras electorales ponen de manifiesto una realidad durísima que está siendo celebrada por los desinformadores y manipuladores: se puede influir en toda una sociedad. La novela 1984 de George Orwell era ficción, pero esto es real. Si mientes, hazlo a lo grande y hazlo continuamente. Destruye las nociones de verdadero y falso. Hasta las sociedades alfabetizadas, con todo su arte, literatura, teatro, fe y religión, pueden ser sometidas. Una fina línea separa el comportamiento civilizado de la barbarie. El miedo es el factor clave para que la ciudadanía te obedezca. Miedo por su vida, a recibir acoso, torturas, a ser encarcelados o a una pérdida de estatus. Despertar el miedo a una fuerza externa puede distraer a la gente del miedo a la represión interna. Introduzca aquí: «Occidente».

UU. es el lobo feroz

Durante las semanas previas a las elecciones han ido apareciendo nuevas variaciones de la clásica aseveración de que «Occidente está rodeando a Rusia» (véase el mito #7). Entre los ejemplos más recientes está el de que Occidente pretendía, al parecer, interferir en las elecciones por medio de ciberataques dirigidos a reducir la participación, hackeos o manipulando las máquinas de votación gracias a la ayuda de una quinta columna de saboteadores internos. El hecho de que cada vez más personas, ONG y medios independientes sean tachados de «agentes extranjeros» o de «indeseables» ilustra cómo funciona esta última narrativa. En esta historia, EE. UU. es el antagonista principal, ya que la UE y Ucrania han perdido su soberanía frente a Washington.

La mayoría de la población rusa tiene una opinión negativa de los EE. UU., tal y como ha revelado el Centro Levada en una encuesta en la que el 68 % de la población encuestada ha respondido sentir desaprobación hacia dicho país.

Este hallazgo es un reflejo de la opinión que se tiene de la UE. El panorama actual ha pasado a ser prácticamente el opuesto al de mediados de la década de 2010, cuando el índice de aprobación era de aproximadamente un 80 %. Las últimas encuestas muestran que el 64 % de los encuestados tiene una actitud negativa hacia la UE.

El catastrofismo funciona

Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en 2022, el uso de las voces «nazi» y «genocidio», de fuerte carga emocional, se multiplicó en el ecosistema pro-Kremlin. Estas voces lograron llevar la manipulación alarmista a un nivel desconocido hasta entonces.

Volumen de menciones en medios de comunicación del Estado ruso, medios pro-Kremlin vinculados al Estado y cuentas oficiales de la diplomacia rusa en Twitter en el contexto de Ucrania (datos recopilados desde el 22 de febrero de 2022). Fuente: EUvsDisinfo

La invasión de la OTAN

De forma similar, como muestra nuestra base de datos, las declaraciones de que Occidente va a invadir Rusia a través de Kaliningrado, de que va a atacarla por medio de Bielorrusia o de que asaltará el país con la excusa de realizar maniobras militares han crecido de forma significativa. No obstante, para aplacar el miedo a la invasión, recomendamos a los asesores y los miembros de grupos de reflexión del Kremlin que analicen con seriedad el rastro que dejan las fuerzas militares y su logística. También podrían escuchar los debates políticos de los países de la UE. ¿Cuántas figuras políticas están defendiendo que se ataque a Rusia con armas nucleares o se la invada? Nadie.

En las últimas semanas, los manipuladores del Kremlin han seguido tergiversando el debate sobre un posible despliegue de tropas de los países de la OTAN, considerándolo como el inicio de una invasión por parte de la organización atlántica. Esta narrativa ha rescatado un bulo clásico del Kremlin: que Occidente está supuestamente rodeando a Rusia.

Un cordón de seguridad en el este de Ucrania: un eufemismo de toda la vida

El 18 de marzo, el secretario de prensa de Putin, Dmitry Peskov, se hizo eco de unas declaraciones recientes del líder ruso sobre el establecimiento de una zona de seguridad que incluiría la extensa ciudad ucraniana de Járkov. Peskov, encarnando a Putin, aseguró que Rusia necesita un cordón sanitario en la frontera con Ucrania para garantizar la seguridad del territorio ruso frente a los bombardeos ucranianos.

Según esta lógica, que puede sonar legítima, pero es engañosa, cuanto más tiempo se defienda Ucrania de los ataques rusos, mayor o más profunda tendrá que ser la zona. No obstante, la mejor forma de garantizar la seguridad de las regiones rusas es poner fin a la guerra y retirar las tropas rusas invasoras. Preste atención al goteo constante de estas dudosas «propuestas de paz». En este medio las hemos identificado, analizado y desmentido en muchas ocasiones.

También bajo nuestro radar de desinformación:

  • Accidente en un reactor de una central nuclear ucraniana debido al combustible estadounidense. Mentira. Lo que ocurrió es que se apagó manualmente el segundo reactor de la central nuclear de Jmelnitski para poder solucionar un problema con el eje de una turbina. Los inspectores del OIEA que se encontraban en el lugar corroboraron que «lo ocurrido no puso en riesgo la seguridad nuclear». El ecosistema de desinformación del Kremlin incluye temas relacionados con las armas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares como trasfondo habitual para suscitar el miedo, sobre todo en los países europeos, a unas consecuencias devastadoras y de largo alcance. Esta táctica incluye afirmar con frecuencia que Ucrania está preparando ataques con municiones químicas procedentes de los EE. UU. Estas amenazas rusas, hechas de pasada, sobre el uso de armamento nuclear mantienen vivo este temor. La afirmación sobre la central nuclear de Jmelnitski es otro intento de unir el rechazo hacia los EE. UU. con el miedo a ataques nucleares. Los medios pro-Kremlin también afirman con frecuencia que Ucrania ataca objetivos cercanos a la central nuclear de Zaporiyia. Sin embargo, esa acusación es una cortina de humo para ocultar que las unidades rusas utilizan las zonas cercanas a la central nuclear para sus propios fines.